viernes, 18 de febrero de 2011

ETAPA 24: GONZAR - RIBADISO DE ABAIXO

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Miércoles, 20-10-2010: De Gonzar a Ribadiso de Abaixo (43 Km.)
  
¡Tira millas pola corredoira!

Fresco a primera hora. Cielo despejado y buena temperatura el resto del día.


En Gonzar, a 85 km de nuestro destino final, nuestras alternativas pasaban por rematar la peregrinación en tres etapas cortas o en dos largas... Y decidimos optar por la segunda. Completamente de noche, a las 7.30 ya estábamos saliendo del albergue con intención de desayunar en el bar en el que habíamos estado la tarde anterior. A pesar de que nos habían dicho que a esa hora ya atendían al público, "se les habían pegado las sábanas". Nos cansamos de esperar y continuamos la ruta de subida que abandona el Valle del Miño por el camino hacia Castromaior.

En Hospital da Cruz, casi llegando al alto, encontramos un mesón en marcha donde servían desayunos a los peregrinos del albergue local, y allí paramos. Al salir ya se había hecho de día, y después de atravesar en nudo viario de la N-640, continuamos en dirección a Vendas de Narón. El ascenso se prolonga un poco más hasta la Sierra de Ligonde, que marca la divisoria de aguas con la cuenca del Río Ulla. Ya iniciado el relajado descenso por la Comarca de la Ulloa, dejamos a un lado el rústico Pazo de Lameiros con su Capilla de San Marcos, que luce un blasón familiar en la fachada. Unos metros más adelante, tras una curva del camino encontramos un antiguo cruceiro datado en 1.670, de los más antiguos que se conservan en pie.



Como en días anteriores ya me había sucedido con Philippe, y ahora también con Pablo, el camino va pasando casi sin darnos cuenta en  una charla animada y estimulante. Deliberadamente decidimos alternar a ratos el francés con el español, así todos perfeccionamos nuestra práctica del idioma. A ninguno de los dos hace falta tirarle mucho de la lengua, porque ambos son de conversación fluida, y con el paso de las horas avanzamos haciendo un repaso a los temas más variados.



Mientras pasamos por las aldeas de Ligonde, Airexe, Portos, Lestedo, Os Valos y O Rosario, comentamos los grandes contrastes entre las distintas regiones de España, pero también de Francia y de Méjico, de la actualidad y de su historia... de geografía, de política y de economía... de nuestras aficiones y ocupaciones, de nuestras respectivas familias... y hasta nos atrevemos en algún momento con la religión y la filosofía. Vamos embalados...

Hace ya un buen rato que caminamos en paralelo a una carretera comarcal, por una senda de tierra que poco antes de llegar a Palas de Rei se transforma en un camino más amplio. Este tramo lo han acondicionado recientemente y lo han enmarcado en piedra, convirtiéndolo en una auténtica alfombra para los peregrinos. Aunque el Códice Calixtino señala a esta pequeña villa de poco más de 800 habitantes como final de etapa, aparte de la moderna Iglesia de San Tirso, que incorpora una puerta románica del Siglo XII, no encuentro nada destacable en ella. Sólo señalar como anécdota histórica que Palas de Rei debe su nombre a que en su día albergó el palacio del rey visigodo Witiza, que reinó entre los años 702 y 710. El propio monarca asesinó aquí a Favila, padre de Pelayo, el que sería primer rey de Asturias, y abuelo de otro rey, Favila, que murió combatiendo con un oso (ése que hizo famoso el dicho de "espabila, Favila, que viene el oso").



Pues eso, espabilando es como vamos nosotros, que todavía nos queda mucha etapa por delante y nos hemos propuesto llegar a comer a la Pulpeira Ezequiel, en Melide, y todavía quedan más de 15 km. Somos conscientes de que se trata de un objetivo ambicioso, pero con un  sabroso premio final. Yo ya huelo en la distancia el aroma que sale de la olla de cobre...

Aldea de Riba, Carballal y Gaiola de Riba son pequeños lugares que superamos antes de la aldea de San Xiao do Camiño donde, integrada en un buen conjunto de arquitectura popular con casas de piedra y varios hórreos, encontramos una pequeña iglesia románica construida en el Siglo XII.



El mes de Octubre, época de lluvias por excelencia, nos está regalando  desde hace ya varios días un tiempo excepcional. El día soleado del que también hoy disfrutamos, y la acentuada calma que transmite el ambiente, hace que cada rincón del paisaje nos muestre la belleza de esta parte del territorio gallego, que sirvió de inspiración para que Emilia Pardo Bazán escribiese Los Pazos de Ulloa, y que no hace más que recibir elogios por parte de mis compañeros de ruta.


Arroyos con nombre sonoro, como el Rego Ruxián, se intercalan junto a ríos como el Pambre y el Furelos entre sinuosas corredoiras, frondosos bosques e incontables lugares habitados. Antes de cambiar de provincia iremos sobrepasando los caseríos de Pontecampaña, Casanova, Porto de Bois y Campanilla. A estas alturas mi pierna izquierda ya empieza a decir que la estoy explotando demasiado y me exige que paremos a tomar una cerveza. Como se ha portado bien hasta aquí, yo le regalo además con un par de buenas tapas, sentado a la sombra de la terraza de un bar en O Coto, ya en la Provincia de A Coruña.



Acabábamos de reemprender el camino cuando volvemos a detenemos en Leboreiro ("campo de liebres" según el Códice Calixtino), un núcleo rural de aspecto medieval con la calle principal empedrada, varias casas de piedra añeja y un cruceiro junto a la Iglesia de Santa María, del Siglo XIII, interesante capilla que cuenta en su interior con varios frescos y una talla medieval de la Virgen. Frente a la iglesia está todavía la casa que acogió en el Siglo XII un hospital de peregrinos fundado por la familia de los Ulloa. También se conservan varios hórreos antiguos o cabaceiros, elaborados con varas trenzadas y techado de paja. Un puente medieval salva el cauce del Río Seco a la salida del pueblo.



La armonía se rompe poco después al cruzar el inoportuno Polígono Industrial da Gándara, "plantado" sin mucho sentido en un amplio descampado en medio del camino. Después de las últimas paradas, se nos va echando el tiempo encima sin saber si llegaremos a tiempo para comer en Melide. No nos queda más remedio que aligerar el paso.

Encontraremos otro puente medieval, en este caso de cuatro arcos, al pasar sobre el Río Furelos, que da entrada en otro núcleo con buenas casas de piedra. En Furelos pasamos frente a la Iglesia de San Xoán sin detenernos, pues nos queda aún una pequeña subida para alcanzar nuestro perseguido objetivo. Son poco más de las 3 de la tarde cuando llegamos a la Avenida de Lugo, una vez en Melide, y entramos por la puerta del Ezequiel... todavía a tiempo para comer. Doble de pulpo á feira, ensalada, carne ó caldeiro y un buen viño tinto da terra que nos saben "a gloria" (en francés, très bien).



Después de un buen rato disfrutando de la comida, a una hora propicia para echarse una siesta, iniciamos la visita al casco antiguo de Melide; villa antiguamente amurallada que, situada en la encrucijada donde confluye el Camino Francés con el Camino Primitivo que parte desde Oviedo, se fue convirtiendo con el paso de los siglos en lugar de atención obligada a los peregrinos. En la Praza do Convento, junto a la Casa do Concello, se alzan el antiguo Hospital (hoy museo) y la Iglesia de San Pedro que forma parte del que fue monasterio de monjes franciscanos. Ya  la salida, nos llama la atención la portada de la Iglesia de Santa María, románica del Siglo XII.

Aunque hasta el final de etapa hay que cruzar varias veces la carretera N-547 entre Melide y Arzúa, nos separamos ahora del asfalto por un camino rural, y al salvar sobre una característica pontella de piedra la poza que forma el Rego Catasol, vuelven los robles y abedules a dominar el territorio. Los lugares de Raído, A Peroxa, Boente de Abaixo, Boente de Arriba, Castañeda, Pedrido y Río se alternan entre subidas y bajadas con los regatos de Valverde, Boente y Ribeiral. Los variados rincones que vamos encontrando a nuestro paso nos sirven de motivo para detenernos de vez en cuando a contemplar el paisaje.



Tras un último ascenso entre los eucaliptos del Monte de Doroña, después de atravesar la carretera iniciamos una larga bajada por una pista arbolada que nos llevará hasta el mismo cauce del Río Iso. Allí termina nuestra larga caminata de hoy, pues tras cruzar el puente de piedra se encuentra el Albergue de Ribadiso, al que llegamos bien pasadas las seis y media de la tarde, cuando al sol ya le quedaba muy poco recorrido.

Ribadiso de Abaixo es un paraje bucólico situado entre verdes prados y a la orilla de un río de aguas cristalinas. El albergue es público, y aprovecha las instalaciones del que fue Hospital de San Antón, que después de una acertada restauración ha recuperado su función original. Distribuido en tres edificios de piedra y cubierta de pizarra, en torno a un patio común, cuenta también con un pabellón más moderno dedicado a duchas, lavaderos y otros servicios. Pasa por ser uno de los albergues más recomendables del Camino, y es en verdad un sitio donde se recibe una buena acogida y la estancia se hace agradable. Cuando llegamos ya quedaban pocas camas libres, y nos asignaron plaza en la planta más alta, con buena calefacción.



Poco después de haber tomado posesión de nuestros dominios, salimos a cenar al mesón de al lado, un amplio local con gran afluencia de personal y también bien atendido. Nos juntamos en una mesa con un peregrino de Valladolid y, a pesar de que la comida del mediodía había sido abundante, también la cena lo fue. Al final nos costó terminar con la ración de queso que pedimos de postre porque, aunque estamos na terra do queixo de tetilla, no era gran cosa.


Después de la larga jornada de hoy nos hacía falta un buen descanso para afrontar la siguiente etapa, ya la última, y a ello nos dispusimos con todo interés. Poco más había que hacer en un lugar como éste, de máximo reposo y relajación.



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3 comentarios:

Nando dijo...

Se me está pasando el camino volando ....
¿volveras a empezar el relato cuando llegues a Santiago?

Miguel dijo...

Gustaríame moito, meu rei, pero cústame máis escribilo que percorrelo. Abofé!

Nando dijo...

pues es una pena filliño