domingo, 16 de septiembre de 2012

ETAPA 8: CÁCERES - EMBALSE DE ALCÁNTARA

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Por el Camino de los Mozárabes: Vía de la Plata

Jueves 24-5-2012 - De Cáceres a Embalse de Alcántara (35 Km.)
Salida: 6.45 - Llegada: 13.35

Viaje al centro de la nada.

Cielos despejados, sol y mucho calor (Máx. 35ºC)



A las 5.30 salí del dormitorio sin hacer ruido y me preparé el desayuno en el recibidor de la primera planta del albegue; un par de frutas, un batido de chocolate, y algo de bollería que había comprado la tarde anterior.  A pesar de que ya había avisado por la noche de la hora en que pensaba salir, al enfrentarme a la puerta de la calle la encontré cerrada con llave. Aunque busqué el modo de abrirla, no lo encontré, ni tampoco ningún timbre o mecanismo para poder avisar de mi situación, y empecé a inquietarme. Cuando ya empezaba a rondarme la cabeza la idea de aporrear la puerta para que alguien viniese en mi ayuda, oí unos pasos que venían del fondo de la planta baja. Era la señora Juani quien avanzaba hacia mí abrochándose la bata y que, gracias al sentido especial que deben de tener las madres, se había dado cuenta de que algo iba mal. "¡Estos chavales... nunca me hacen caso, mira que les he dicho... pues ya no es la primera vez... claro, llegan tarde, a saber cómo, y luego no se acuerdan de dejar sin pasar la llave!"

La Calle del General Margallo es larga, y termina frente a la Plaza de Toros. Allí se enlaza con la Avenida de las Lavanderas, que sale de la ciudad en dirección al Casar de Cáceres. Ya ha amanecido cuando dejo atrás las últimas casas y encaro un largo tramo de asfalto que me obliga a circular por el arcén de la carretera. El terreno se presenta completamente despejado, llano y sin arbolado. Mal comienzo para una jornada en la que está previsto que la ola de calor vuelva con toda su crudeza.














Nunca voy tranquilo cuando camino al borde de una carretera con tráfico. Los coches pasan muy rápido, y con los camiones se tambalea el aire. Afortunadamente, después de poco más de tres kilómetros en línea recta, un camino de tierra sale en paralelo hacia la derecha y vuelve la tranquilidad.

Casi a la altura del campo de fútbol de Casar de Cáceres me reciben unas ovejas que me miran curiosas. Me recuerdan que estoy entrando en territorio de excelentes quesos, pero la circunstancia no es la más adecuada para cargar con más peso a la espalda, ya habrá más oportunidades para disfrutar de una buena torta. Sigo avanzando hacia el interior del pueblo a la sombra de los árboles del Paseo de Extremadura hasta entrar en la Calle de la Larga Alta, que también lleva su tiempo. El albergue de peregrinos se encuentra en un edificio porticado en la Plaza de España, y allí comienza la Calle de la Larga Baja, que me lleva hasta la ermita de Santiago en el extremo Norte de la localidad. Casi dos kilómetros caminando en línea recta para recorrer una población de poco más de 4.500 habitantes.
















Son las 9 de la mañana y el sol ya comienza a hacer de las suyas. Lo que me espera a continuación es un tramo de casi 25 kilómetros por un terreno completamente despejado, deshabitado e inhóspito. Voy bien prevenido, con la comida y bebida suficiente, pero una vez más me paro a pensar en las palabras que unas etapas atrás le había oído decir a Jerónimo: "Comparado con éste, el Camino Francés es para señoritos" ... y quizá no le falte razón. El terreno de la meseta cacereña no tiene nada que envidiar al tan temido tramo entre Burgos y León, y cuenta además con espacios despoblados, desprovistos de fuentes y de todo tipo de servicios para los caminantes, mucho más frecuentes y extensos que en la ruta tradicional a Compostela.




















Por la cañada se recorre una amplia y seca llanura en barbecho, con algunas zonas dedicadas al cultivo de cereal y otras, las menos, donde dominan los matorrales y el monte bajo. Entre alambradas o muretes de piedra se puede ver el ganado que campa a sus anchas, y son curiosas las balsas circulares que se han ido construyendo por aquí y por allá, aprovechando cualquier amago de vaguada, para recoger y almacenar el agua de la lluvia. Sólo una choza o algún que otro corral para guarecer el ganado varían un panorama monótono, y un miliario me recuerda de vez en cuando que sigo caminando sobre los restos de la antigua calzada romana. Únicamente coincido en el itinerario con un grupo de ciclistas que avanzan sin detenerse. ¡Buen Camino!

















La Junquera, los Macacos, el arenal del Espino, el arenal de la Atalaya, la Higuera, Finca Berrueto, la Cumbre Oscura, las Condesas, los Baldíos, la Cumbre de la Plata... son nombres de lugares sin delimitar que se van sucediendo sin solución de continuidad, aunque al pasar hay que atravesar varias cancelas que limitan la libre circulación del ganado. A medida que avanza el día, el sol aprieta con mayor fuerza y las ovejas buscan la protección de la sombra allí donde la encuentran, que no es tarea fácil, y aprovechan el menor resquicio que les brindan las rocas o la escasa vegetación para buscar su acomodo.

En esta zona en que ya de lejos se adivina la cuenca del Embalse de Alcántara, la vía se conoce con el nombre de Camino de las Barcas, por ser la ruta que seguían el ganado y los transeúntes que antiguamente  querían vadear los ríos Tajo y Almonte. Por aquí pasa también el nuevo trazado del AVE a Extremadura, actualmente en construcción, lo que obliga a sortear alguno de los taludes de sus obras por desvíos provisionales, en los que frecuentemente circulan camiones cargados que levantan a su paso una molesta polvareda.














Un último tramo de la calzada se sumerge en el interior de las aguas del embalse, con lo que el camino se desvía ahora hacia un estrecho y tortuoso sendero que discurre en paralelo a la N-630, y que sortea por un incómodo itinerario todo cuanto barranquillo o vaguada se encuentra en su trayectoria, hasta que termina muriendo en el asfalto al llegar a la altura del embalse. Para los ciclistas es recomendable bajar desde el principio a la carretera.

















El Embalse de Alcántara terminó de construirse en 1969 por la empresa Hidroeléctrica Española (hoy Iberdrola) para la producción de electricidad. La presa se encuentra 40 km aguas abajo, junto a la localidad cacereña de Alcántara, y retiene el agua del Río Tajo y de alguno de sus principales afluentes. Bajo sus aguas permanece un tramo de la Vía de la Plata y los restos góticos del Castillo de Rocafrida o de Floripes, cuya torre del homenaje se puede ver cuando baja el nivel de las aguas. El magnífico puente romano de Alconétar, que en la antigüedad llegó a salvar el Río Tajo suspendido sobre 16 arcos y con una longitud superior a 200 metros, fue reconstruido parcialmente aguas arriba, al final de uno de los brazos del embalse y próximo a la localidad de Cañaveral.
















En esta zona de terreno accidentado, donde confluye el Río Almonte con el Río Tajo y la superficie ocupada por el embalse se ensancha en mil recovecos, no queda más remedio que proseguir un largo tramo por el peligroso arcén de la carretera N-630, caminando sobre los puentes que superan ambos ríos, hasta llegar a coger el desvío que conduce al único albergue que hay en muchos kilómetros a la redonda y alejado de cualquier núcleo de población: El albergue turístico del Embalse de Alcántara, situado dentro del término municipal de Garrovillas de Alconétar.














Se trata de un moderno edificio propiedad de la Junta de Extremadura, pero de gestión privada. Está situado en la ladera del Cerro de la Horca, a escasos 600 metros de la carretera N-630 y en una zona próxima a las aguas del embalse cuando estas alcanzan su máximo nivel, pero en esta época se encontraban bastante alejadas. Su diseño vanguardista lo convierte en un extraordinario mirador y, apartado de toda civilización, puede ser un buen lugar para los que buscan un retiro espiritual.

Al llegar me encontré con varios peregrinos que ya disfrutaban de las buenas vistas sentados en un par de mesas de la terraza frontal y, para mi sorpresa, entre ellos se encontraba Marcia, la italiana de aspecto bohemio con la que había coincidido dos jornadas antes en el albergue de Alcuéscar. Estaba ataviada con un vestido de falda vaporosa que la cubría hasta los pies, y su gesto no denotaba ningún tipo de fatiga, más bien tenía el aspecto relajado del que deja transcurrir las horas de una plácida jornada. Después de saludarla le pregunté cómo había llegado hasta allí, y su respuesta consistió en una amplia y significativa sonrisa.

Y yo me encontraba en este lugar perdido en la inmensidad cuando el día todavía tenía muchas horas por delante, pero decidí quedarme porque la alternativa no era muy buena. El hecho de que el siguiente albergue estuviese en Grimaldo, a más de 17 km, y de que el calor se estaba haciendo ya difícilmente soportable, me hicieron desistir de la idea de continuar la ruta en una etapa que hubiera resultado excesivamente larga y penosa. ¡Mañana será otro día!














El albergue es espacioso, bastante funcional y cuenta con instalaciones muy completas, pero para ser el único lugar en que los peregrinos pueden abastecerse de lo necesario, la dotación de la cocina y el bar es bastante escasa. No tienen fruta a la venta, y el menú del que dispone es a base de bocadillos, platos precocinados o enlatados, y escasa variedad, pero es lo que hay. Al menos el desayuno está incluido en los 15 euros que cuesta la estancia por una noche.

Como el edificio está expuesto al sol por completo, alejado de árboles u otros elementos que le den algo de sombra, pasé la tarde agobiado por el calor, a base de repetidas duchas y de tumbarme sobre la cama con el cuerpo mojado, hasta que al atardecer pude por fin empezar a recuperar las reacciones normales de una persona. Entonces pude salir al exterior a disfrutar por un rato del paisaje, y a contemplar después, frente a este mar de Extremadura, la esperada puesta de sol que las guías mencionan como el mayor atractivo de este solitario paraje. Aunque las he visto mejores...






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3 comentarios:

Lola Hiniesto dijo...

En este tramo del camino he tenido que levantarme a buscar un vaso de agua, por Dios, qué sudorina! ¿No te pasa mientras lo rememoras?

Nando dijo...

Pero que preguntas haces ... "armas de mujer" .... que no es lo que nos creemos los hombres. Las mujeres son inteligentes, dulces, sensibles ... a ellas no les afecta el calor, el polvo, los camiones ni las ovejas asesinas .... son mujeres .... no sudan y llevan trajes vaporosos para luchar con el calor. Haber si aprendes

Miguel Aradas dijo...

Pues ya ves, Lola, según Nando, las mujeres no sudáis, así que no exageres. Las que yo veo cada día en el gimnasio y corriendo por el paseo marítimo no debéis de ser mujeres. Jajaja

Por supuesto que lo revivo al contarlo, y te aseguro que lo disfruto casi tanto como cuando lo hacía a pie, pero de otra manera, más lentamente, a ratos...

Nando, voy a probar tu fórmula, y a partir de ahora me voy a comprar un par de trajes vaporosos para preparar el maratón del año que viene, a ver si mejoro resultados. Jejeje.