sábado, 1 de diciembre de 2012

ETAPA 20: REQUEJO DE SANABRIA - A GUDIÑA

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Por el Camino de los Mozárabes: Ruta Sanabresa

Martes 5-6-2012 - De Requejo de Sanabria a A Gudiña (42,2 Km.)
Salida: 6.55 - Llegada: 16.15

De puerto en puerto hacia el país de la lluvia.

Comienza despejado y termina lloviendo (Mín. 10ºC - Máx. 22ºC)



A pesar de que la noche anterior había puesto la alarma con intención de levantarme a las 5.30, cuando recuperé la conciencia y abrí por fin los ojos... ¡Me había quedado dormido! Las luces del dormitorio parecían llevar ya un buen rato encendidas, había bastante movimiento en la sala y algunos peregrinos se disponían a salir del albergue... Me apresuré a recoger el saco y a rellenar la mochila, y allí mismo me preparé el desayuno que tenía reservado. Cuando salí al exterior, hacía ya tiempo que me había quedado solo.

Al llegar al final de la calle de la Carrera, se abandona Requejo de Sanabria caminando por una pista asfaltada. A la altura del cementerio, la ruta enlaza con el camino que sube al puerto siguiendo el cauce del Río Castro, que a a medida que se asciende por la montaña viene a ser poco más que un arroyo. Aunque son casi 12 kilómetros de subida, al principio se va ganando altura sin grandes esfuerzos y disfrutando del paseo por una agradable zona de bosque.















Mientras la mañana va transcurriendo, voy dando alcance a alguno de los peregrinos que echaron a andar un poco antes, pero que van a un ritmo más calmado. Acompañado del permanente murmullo del río y rodeado de un verde intenso, sigo avanzando y ganando altura de manera gradual, y entre robles y castaños voy superando pequeños tramos embarrados, encharcados o con piedras. Cuando se aproxima el fondo del valle, las vías del tren aparecen a un costado, para volver a desaparecer poco después embocando un túnel que se adentra en la montaña. Al llegar a esta altura comienza la parte más fuerte de la subida, y los que van en bicicleta deberán de continuar por otro camino, tal como les recuerdan unos elocuentes troncos atravesados en el itinerario. Agradecerán el buen consejo porque, un poco más adelante, y señalizada con unas vieiras amarillas para los que van a pie, la subida se endurece de manera considerable hasta llegar a su tramo final, en el que por fin se alcanzan los 1.352 metros de altitud de la Portilla del Padornelo y se entra en la Alta Sanabria.














Como paso obligado que es, en el puerto se juntan varias vías de comunicación y el camino termina en el asfalto de la N-525 para cruzar sobre la autovía. Después de pasar junto a la Iglesia de la Asunción, y una vez sobrepasadas las casas de piedra gris características de la aldea de Padornelo, en la bajada se vuelve a recuperar el asfalto durante unos kilómetros, primero por el arcén de la nacional y luego por una carretera secundaria que se dirige a Lubián. Poco después, una flecha nos desvía hacia la pendiente, y nos obliga a bajar por un sendero que serpentea hasta la aldea de  Aciberos, donde se puede contemplar la Iglesia el Carmen. Junto a ella, y a pesar de que todavía no hemos salido de la provincia de Zamora, un sonido se me hace amable y familiar, y es que oigo a un par de paisanos hablando en gallego.
















Pero el descenso no ha hecho más que empezar, porque el sendero continúa después por las laderas de Hedroso y, sin alejarse del cauce del río, entra en Lubián por el Camino dos Portos Carros. Esta localidad es la última de Castilla y León, y aunque hoy no sobrepasa los 350 habitantes, en sus edificaciones se refleja lo que sin duda tuvo que ser un pasado mejor. La torre barroca de la Iglesia de San Mamés destaca entre sus calles perfiladas a media ladera, conformadas por casas con amplias portadas de piedra grabada, balcones de madera sobre soportales y techos de pizarra. Aunque algunas se encuentran en estado de aparente abandono, otras han sido recientemente restauradas, y en el buen gusto de su recuperación mantienen el encanto de los pequeños pueblos de montaña.














En lo más alto del pueblo se conserva el Cortello dos Lobos, una construcción ideada como trampa de caza y diseñada para atrapar a los lobos que intentaban echarle el diente a una cabra u oveja que se ponía en su interior como señuelo. Aunque cuenta con varios siglos de antigüedad, recientemente ha sido restaurado y es posible visitarlo.

El camino sigue su descenso hasta que, al alcanzar los 940 metros de altitud, atraviesa un puente sobre el Río Tuela y pasa bajo el viaducto con el que la autovía A-52 salva el fondo del valle. Justo en este lugar se encuentra el Santuario de la Virgen de la Tuiza que, con planta de cruz latina y torre barroca, conserva en su interior una imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de la Alta Sanabria.













La ruta continúa después con otra larga subida de casi 4 kilómetros, por un sendero que asciende por la ladera Sur del Valle de la Tuiza hasta la Portela da Canda. El trazado va ganando altura sin bruscos desniveles, pero con un firme bastante irregular y con la vista puesta en la autovía, que asciende uniforme por la vertiente contraria. Al llegar al puerto se alcanzan los 1.262 metros de altitud y se deja atrás Castilla y León, para entrar definitivamente en Galicia por la provincia de Ourense. En el mismo límite se encuentra el primer mojón gallego con la vieira amarilla del Camino de Santiago, de los que a partir de ahora llevarán inscrita en una placa la distancia que falta hasta la catedral, y que con una envidiable precisión marca 246,244 Km... Tampoco aquí hay unas grandes vistas panorámicas, pero aprovecho la ocasión para darme un pequeño respiro y charlar con un grupo de peregrinos que descansaban a la sombra. ¡Ánimo, ya no queda nada!














Cuando emprendí la bajada, me invadía la agradable sensación de que ya podía respirar a pleno pulmón, como si el aire de este lado me resultase más familiar y el territorio que pisaba fuese de antemano conocido... y más si cabe al encontrarme de frente con la barrera que algún paisano de buena voluntad había colocado en medio del camino para evitar que sus vacas se paseasen por la finca de los vecinos, auténtica demostración de un reencuentro con la verdadera idiosincrasia galaica que me hacía sentir inmensamente feliz por haber llegado a mi casa...















A los pocos minutos de iniciar la bajada se pasa cerca de la Capela de San Antonio, situada junto a las cuatro casas que componen la pequeña aldea de A Canda. En el largo descenso hasta llegar a A Vilavella, primera localidad gallega, el camino sigue la misma dirección que el arroyo que nace en el mismo puerto, el Regueiro dos Santos, y a medida que el valle se ensancha, sus aguas se apaciguan y el agreste paisaje de montaña se adentra en una zona de perfiles suaves y verdes pastos. Convertido ya en río, su corriente cristalina avanza siempre cercana al sendero, que poco antes de entrar en el núcleo de la parroquia de O Pereiro se separa del cauce para acercarse a la Ermita de la Virgen de Loreto. Desde poco después del mediodía, el sol ha ido dando paso a las nubes, que pasarán a dominar el panorama a medida que la tarde vaya avanzando.














La pequeña localidad de O Pereiro está formada por una agrupación irregular de añejas casas de piedra gris entre las que a duras penas sobresale el campanario de su Iglesia de San Pedro, y que dan como resultado una calle alargada con cierto aspecto de abandono. Los más de 6 kilómetros que siguen después hasta la aldea de O Canizo recorren un territorio bastante peculiar, alternando parajes inhóspitos con rincones de gran belleza. Los alrededores del ascenso al alto de Portela Blanca parecen haber sido arrasados por el fuego hace ya algún tiempo. El terreno pedregoso, los restos de viejos troncos y retamas abrasadas que hoy semejan un bosque de escobas, y las inmensas moles de granito distribuidas en desorden, son los elementos que componen un paisaje de apariencia lunar, donde la vida pugna por recuperar su energía en forma de una gran alfombra de florecillas de color blanco y rosado que brotan directamente del suelo.

Atravesar el agua remansada del Regueiro dos Arandos por una pasarela de piedras supone un breve respiro de verde intenso, para continuar después a lo largo del estrecho sendero que recorre el solitario paraje de Os Homes Mortos y que se ensancha al pasar por A Mazaira en una amplia pista que llega hasta la entrada de la siguiente aldea, que también parece aquejada de abandono.














Salvo la torre barroca de su Iglesia de Santa María, poco hay que destacar del poblado de O Canizo. Nos recibe con una amplia fuente-abrevadero de agua corriente y nos despide, una vez sobrepasada la triste agrupación de casas, con un curioso cruceiro anclado sobre una gran piedra. Pero al alcanzar los 1.067 metros de altitud del Alto do Canizo el camino parece querer regresar de golpe al mundo civilizado, ya que, al comenzar el descenso, se junta con la carretera N-525, cruza sobre la autovía A-52 y, después de pasar al costado de una planta de energía solar y de bordear la estación de ferrocarril, entra en la localidad de A Gudiña. Y después de lo visto y recorrido hoy, esta localidad de 1.500 habitantes que pone fin a esta larga etapa tiene todo el aspecto de las grandes urbes.















Para llegar al albergue hay que tomar un desvío a la entrada del pueblo y pasar bajo las vías del tren. El edificio es propiedad de la Xunta de Galicia, y lo gestiona el ayuntamiento a través de hospitaleros voluntarios. Al abonar los 5 euros de la inscripción te dan una sabana ajustable para cubrir el colchón y una funda para la almohada, agradable sorpresa que se irá repitiendo en todos los albergues de la red autonómica que, como éste, suelen estar dotados de excelentes instalaciones. En la planta inferior cuenta con cocina, comedor, aseos y lavadero, reservando la planta alta para dormitorio común.

Y como ya venían anunciando las nubes a lo largo de la tarde, cuando acababa de tender la ropa a secar comenzó a llover con fuerza, y me dio el tiempo justo para rescatarla y ponerla bajo techo. Y en esas estaba cuando empecé a oír voces en un particular acento que se me hacía conocido... Era Tierry, que se apresuraba a entrar en el albergue para ponerse a cubierto, y que reaparecía después de varias jornadas perdido.













Situada a las puertas de Galicia, A Gudiña debe su nombre a que su territorio albergó varios asentamientos de pobladores godos. Se le concedió escudo con motivo de que, el 15 de Junio de 1506, pernoctaron en ella Felipe El Hermoso y su esposa Juana, que desde La Coruña se dirigían a las proximidades de Puebla de Sanabria para reunirse con Fernando El Católico. La población estuvo dividida entre las diócesis de Astorga y Ourense hasta mediados del siglo pasado, motivo por el cual cuenta con dos templos parroquiales, la Iglesia de San Martiño y la de San Pedro, construidas en los Siglos XVII y XVIII. Esta última tenía abierta la entrada, por lo que pude contemplar sus retablos y una antigua pila bautismal.

La carretera N-525 atraviesa la localidad de parte a parte, y en paralelo a ella discurre su núcleo urbano, agrupado en torno a la Calle Mayor, donde pueden observarse buenas muestras de sus construcciones tradicionales. En el centro de una pequeña plaza, en realidad un cruce de caminos, destaca un cruceiro en piedra que indica el lugar de donde parten los dos ramales del camino por los que se puede continuar hacia Ourense. Uno más largo por Verín, y otro más corto, y también más frecuentado, que se dirige hacia Laza.















Cuando la lluvia aflojó su ímpetu, pude salir a hacer las compras y a proveerme de fondos en un cajero, porque estaba avisado de que no volvería a ver otro hasta llegar a Ourense. Al cabo de un rato me encontré con Tierry, que también terminó saliendo a comprar, y pasamos parte de la tarde charlando y disfrutando de unas cervezas. El francés pone voluntad para hacerse entender, y utiliza las escasas expresiones que conoce en castellano para acabar haciendo una mezcla que casi nunca es acertada, por lo que finalmente convinimos que sería más sencillo comunicarnos en su lengua. Me contó que estaba actualmente sin empleo, y que se preparaba para convertirse en guía del camino para grupos de escolares franceses.

Como la tarde se iba echando encima y él regresaba hacia el albergue con intención de prepararse los mismos espaguettis con tomate que ya le había visto cocinar en ocasiones anteriores, yo busqué un lugar donde cenar sentado en una mesa, y lo encontré en el Hostal O Peregrino. Lo primero que me sirvieron fue una cerveza en jarra helada de las que ya llevaba tiempo echando de menos, seguida de una humeante cunca de caldo gallego y de un suculento filete con patatas fritas y pimientos. A su lado, me río yo de lo que en otras latitudes me sirvieron con el pretencioso nombre de "carne de ternera", y que sólo el hambre de un peregrino es capaz de convertir en algo digerible... ¡No hay ni un mínimo argumento para la comparación!



Y después de experimentar unas sensaciones tan agradables, pasé el resto de la noche pensando que, efectivamente, había vuelto a casa...


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4 comentarios:

Nando dijo...

Bueno después de llevar lo que llevabas encima, eso de que al entrar en Galicia te ponga la distancia que falta, no se si será un alivio o una "cabronada".
Aunque una vez delante de un plato de buen caldo y de un filete de ternera gallega, se olvida todo.

Lola Hiniesto dijo...

Miguel ¿qué es esa jaula en el centro del dormitorio del albergue de A Gudiña? (a mí me parece jaula).
Está claro que es Galicia la región con más tradición en esto del camino, de ahí que sus albergues, señales y comida sean los mejores, ¿no crees? Porque tengo la sensación de que el resto de camino que has hecho hasta llegar aquí no está, aún, muy trabajado.

Miguel Aradas dijo...

Nando, bienvenido de nuevo. Ya se te echaba de menos.
Lo de los kilómetros, para mí ni una cosa ni la otra. Simplemente un dato de interés. Aunque el objetivo final es llegar, no llevaba prisa.

Miguel Aradas dijo...

Lola, la jaula en medio del dormitorio es la protección del hueco de la escalera.

Quizás en Galicia es donde se lo han tomado más en serio, porque recoge todas las rutas que llegan a Santiago y la repercusión en todos los sentidos es mucho mayor, pero tradición hay por donde quiera que pases.

El cuidado de la señalización depende mucho de cada comunidad autónoma, e incluso de cada diputación provincial, y no en todas las partes de Galicia se cuida de la misma manera. Por ejemplo, en Orense lo han hecho con auténtico esmero, con un conjunto de obras de arte que iré poniendo en las etapas que vienen, pero el paso por la provincia de Pontevedra es una auténtica lástima, por el abandono evidente en este sentido. También pondré algo.