viernes, 20 de julio de 2012

ETAPA 2: CASTILBLANCO DE LOS ARROYOS - EL REAL DE LA JARA

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Por el Camino de los Mozárabes: Vía de la Plata

Jueves 17-5-2012 - De Castilblanco de los Arroyos a El Real de la Jara (46,1 Km.)
Salida: 6.55 - Llegada: 17.00

Parque Natural de la Sierra Norte de Sevilla. Sierra Morena

Sol y calor. Temperatura máxima de 35º



Situado frente al albergue, el bar que da servicio a los peregrinos abre a las 6.30 de la mañana, con lo que hoy no podré anticipar la salida todo lo que quisiera, y otra vez vuelvo a ponerme en marcha casi a las 7. Menos mal que la predicción para hoy apunta hacia una ligera bajada de las temperaturas y que he tomado algunas precauciones, como llevar mayor cantidad de bebida en la mochila repartida en varios botellines, y modificar mi visera con un pañuelo y unos imperdibles, añadiéndole una protección trasera tipo nómada sahariano que ya no me abandonará hasta la última etapa.

Se sale de Castilblanco siguiendo la Avenida de Antonio Machado hasta enlazar con la carretera SE-5405 en dirección a Almadén de la Plata. Por delante, nada menos que 16 kilómetros de arcén y de asfalto por un terreno ondulado de dehesa. Hasta que por fin, una vez sobrepasado el cartel del Km 4, se abandona la carretera para entrar en el Parque Forestal de los Berrocales, donde por un camino amplio de tierra se atraviesa un precioso bosque de alcornoques que en esta época brillan con un espléndido verde juvenil. Aunque ya empieza a apretar el calor, este paisaje compensa con creces el tedio de haber caminado casi tres horas por la carretera, y relaja la tensión acumulada en la planta de los pies.



















Aunque no abunda el agua, en esta época el campo está verde, y el paisaje rebosa de lavandas y jarales con vistosas flores de variados colores. Disfrutando del agradable paseo, entre subidas y bajadas se encuentra el cortijo de La Morilla y se sobrepasan varias cancelas que hay que cerrar al pasar, que permiten que el ganado suelto se desenvuelva a sus anchas. Un detalle curioso que se repite varias veces me hace detenerme y fijar la atención por un momento. Se trata de los carteles plastificados que, en varios tramos del parque, alguien ha ido dejando bien visibles. Sin duda se trata de una persona desconsolada ante una pérdida que acaba de sufrir. Junto a la foto de un peregrino que camina, el texto dice lo siguiente:

No puedo evitar mi sufrimiento y la pena que me parte el corazón pensando en ti
pero hoy puedo llorar cerca de ti y contigo y recoger los pedazos de mi corazón
para armarlo de nuevo para quererteeeeeeeee y recordarte siempreeeeeeeeeeee
descansa en paz cariño fuen que Dios te tenga en el mejor de los sitios.
Pronto nos veremos................















Y así sigo avanzando, dejando atrás a algunos peregrinos que salieron más temprano del albergue y que ahora, salpicados a lo largo de la ruta, se van deteniendo a descansar bajo la sombra de algún árbol. Aunque calurosa, la mañana es apacible hasta que, casi por sorpresa, aparece delante de mí una imponente cuesta arriba. Se trata de la subida al Cerro del Calvario y, aunque no muy prolongada, es de las que hace honor a su nombre. Se sube con gran dificultad, obligadamente a paso cansino, y a cada poco tiempo hay que detenerse para recuperar el resuello. Al culminar sus 561 metros de altitud, hacia el Sur se observa una buena panorámica de la Sierra Morena, y hacia el Norte de Almadén de la Plata. Sólo queda una irregular y pedregosa bajada para la que será mi próxima parada.














Entrando por la Calle del Olmo me encuentro una fuente de tres caños, donde aprovecho para reponer mis bidones con agua fresca, y en ese momento se detiene allí mismo un camión de venta de fruta. Me hubiera comprado un par de naranjas, pero sólo las vende embolsadas, y me decido por una jugosa pera que, después de un rato de conversación, el paisano no me quiso cobrar. En el hogar del pensionista me sirven una cerveza bien fría y una tapa de "carne asada". Por aquí llaman así a  pequeños trozos de filete de cerdo pasados por la plancha, que me vienen bien para arreglar un pequeño roto que tenía en el estómago.























Se acercan las dos de la tarde y después de andar casi 30 Km desde el inicio de etapa se me presenta la misma situación que ayer. Aquí hay albergue, pero todavía no está abierto, y el próximo está en El Real de la Jara, a 17 Km, lo que suponen algo más de tres horas a pleno sol. Y mi decisión vuelve a ser la misma. Si ayer pude hoy también. Dejo atrás la Iglesia de Santa María de Gracia y la Torre del Reloj, y me encamino hacia la salida del pueblo donde al pie del Cerro de los Covachos se encuentra la plaza de toros, con la puerta abierta...


Del recorrido que viene ahora guardo muy buen recuerdo. Comienza atravesando un parque de placas solares para, después de sobrepasar un tramo limitado a ambos lados por una densa plantación de chumberas, adentrarse en un hermoso paisaje de dehesa muy accidentado y lleno de recovecos, apropiado para filmar algún capítulo de bandoleros del estilo de "Curro Jiménez". Caminando en soledad entre jarales y encinas, numerosos conejos y perdices saltan a cada paso. Caballos, cabras, cerdos, ovejas... animales de todas clases que, a esta hora y con este calor, en su mayoría sestean a la sombra. Los arroyos están secos, pero con frecuencia se encuentran balsas artificiales que retienen el agua de la lluvia caída en los días de primavera. Buenos jamones han de salir a la fuerza de estos cerdos, que retozan en el barro y se alimentan a base de bellotas.




















Tras pasar por lugares con nombres tan sonoros como Cerro del Gato, Arroyo de la Víbora, El Encinarejo, Arroyo del Burro, la Huerta del Corcho, El Chaparral, la Vereda de Los Bonales... los últimos kilómetros se recorren por el Camino Viejo, una pista amplia y sin apenas pendiente que nos conduce directamente hasta El Real de la Jara. El albegue está completo pero, afortunadamente, hay una hospedería donde también acogen peregrinos, y a ella me dirijo cuando ya pasan de las 5 de la tarde.


















Alojamiento Molina es una casa particular habilitada para tal fin, situada casi al final de la Calle Real y atendida por una mujer que me recibe con un niño en brazos. El trato es muy familiar, y me acomodan en una austera habitación con dos camas en la que me despliego a mis anchas. Una vez he terminado de lavar la ropa que llevaba para andar, me doy una ducha y ya estoy libre para comer el bocadillo que llevo en la mochila, preparado del día anterior. A la hora que ya es no me puedo entretener mucho, tengo que salir a buscar una tienda de alimentación donde avituallar la mochila para la próxima jornada, en la que también me esperan largos tramos sin ningún tipo de servicios.














El Real de la Jara, atravesada por el antiguo Camino Real que comunicaba Andalucía y Extremadura, es la última población de la provincia de Sevilla, y fue conquistada a los musulmanes en 1247 por Fernando III el Santo. Como todos los de la Sierra Norte, es un pueblo de casas blancas y tejados rojizos, y entre sus edificios más destacados se encuentra la Iglesia de San Bartolomé, de estilo mudéjar, construida a finales del Siglo XVI. Domina la localidad un castillo medieval de ocho torres, levantado sobre un cerro a finales del Siglo XIII con el fin de defender las fronteras del reino cristiano. Está restaurado en su configuración original y es de acceso libre, por lo que pude recorrerlo en su totalidad a pesar de lo avanzado de la tarde. Ya cansado, antes de retirarme a dormir me senté un rato a disfrutar del atardecer en una terraza frente a la torre de la iglesia, donde en ese momento cenaban otros peregrinos.















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2 comentarios:

Nando dijo...

Bonito castillo el de Real de la Jara. Por cierto son muchos los peregrinos que usan esa ruta y además parece bien dotada de albergues.

Lola Hiniesto dijo...

Madre mía! Y yo que me hubiera ido a hacer el camino contigo y estoy "cansá" sólo con estas dos etapas...