viernes, 6 de julio de 2012

ETAPA 0: SEVILLA

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Por el Camino de los Mozárabes: Vía de la Plata

14 y 15 de Mayo - Jornadas previas en Sevilla

Joé qué caló

Cielos despejados pero con calima. Temperaturas que alcanzan los 38º

Llegué al aeropuerto de Sevilla en plena ola de calor sahariano, poco antes del mediodía del lunes 14 de mayo. Acostumbrado al fresco del Noroeste, ya al salir a la escalerilla del avión fui consciente de que el termómetro no iba a tener piedad conmigo. Primero en autobús, y luego a pie, llegué sofocado al alojamiento que sería mi principal protección. La estrategia era clara: instalarme sin prisas, comer pausadamente, descansar en una larga siesta y, ante todo, no salir al exterior hasta que la temperatura fuese compatible con la vida humana.

Cuando por fin me aventuré a pisar la calle pasaban ya de las siete de la tarde, y el calor aún apretaba, pero pronto descubrí que Sevilla es una ciudad diseñada por una mente genial, que la llenó de sombras protectoras, jardines con estanques, zonas arboladas, y calles estrechas a las que el sol le resulta difícil invadir. Y eso fue lo que me dio la vida porque, de lo contrario, mal podría haber aprovechado el escaso día y medio del que disponía para disfrutar del lugar, siempre acompañado de mi cámara de fotos y de un botellín de bebida fresca.

Comencé mi recorrido por el impresionante edificio semicircular que conforma la Plaza de España, situado en el Parque de María Luísa, construido con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929 sobre los extensos jardines que, a su muerte, la infanta Dª María Luisa Fernanda de Borbón había cedido al pueblo sevillano, y que fue inaugurado para la ocasión por el Rey Alfonso XIII. La huella de la monarquía y la antigua nobleza están muy presentes en toda la ciudad.

Además del Archivo de Indias, abierto a los investigadores, otros dos edificios muy próximos y también declarados Patrimonio de la Humanidad sobresalen sobre el resto, la Catedral y el Alcázar Real, que bien merecen dedicarles el tiempo que requiere una detenida visita.

Sevilla fue reconquistada por las fuerzas cristianas en 1248, durante el reinado de Fernando III, que incorpora el Alcázar a su nómina de palacios reales, y que, tras sucesivas reformas, es en la actualidad el más antiguo de Europa todavía en activo, puesto que sirve como residencia de los reyes cuando visitan la ciudad. El Patio de las Doncellas, el Salón de Embajadores, la Sala de los Reyes y otras variadas estancias, constituyen una auténtica muestra de filigrana mudéjar, que junto con el extenso recinto amurallado que alberga sus espléndidos jardines, hace que el conjunto nada tenga que envidiar a la mismísima Alhambra de Granada.

En 1401 se decide derribar la gran mezquita preexistente, aunque consagrada ya casi dos siglos antes al culto cristiano, y levantar sobre su patio de columnas la catedral gótica más amplia de la cristiandad. Del edificio original sólo se conserva el Patio de los Naranjos y el alminar, ampliado después verticalmente para albergar un campanario renacentista, que será rematado con una enorme veleta que asciende hasta los 104 metros de altura, el giraldillo, del que la torre recibe su nombre: La Giralda. La mezcla de estilos arquitectónicos unida a la amplitud de espacios y alturas en el interior de la catedral es impactante, Allí se encuentran enterrados los restos de Fernando III el Santo, Alfonso X el Sabio, Pedro I el Cruel y Cristóbal Colón. Alberga también numerosas obras de Murillo y Zurbarán.

Tras la Puerta de Jerez, ya dentro de lo que llegó a ser un gran recinto amurallado, me llama la atención el relajado bullicio de las calles del inmenso casco antiguo, plagado de turistas, los coches de caballos que circulan por todas partes, los surtidores de agua pulverizada que refrescan continuamente el ambiente de las terrazas, las abundantes muestras de religiosidad, reflejada no sólo en multitud de rincones y en los nombres de sus calles y plazas, sino también en las actitudes de la gente. Al otro lado del río, en el barrio de Triana, se forma un gran revuelo a media tarde a la salida de las iglesias. Varias cofradías preparan ya la Semana Santa del año próximo, ensayando desde este mes de mayo el ritmo del paso de los costaleros y de las bandas de música. Mientras, otros muchos disfrutan del agradable murmullo de las terrazas y de los bares de tapas, con una temperatura que, ahora ya agradable, contribuye a que las últimas horas del día transcurran en un ambiente plácido.

El Río Guadalquivir con la Torre del Oro, el Palacio de San Telmo, la Real Fábrica de Tabacos, el Ayuntamiento, la plaza de toros de la Real Maestranza, el Hotel Alfonso XIII, los barrios de Santa Cruz y de la Macarena con sus innumerables callejuelas y rincones singulares, las concurridas calles comerciales del Centro, palacios y casas señoriales, grandes iglesias y pequeñas capillas de barrio, restos de murallas, lugares de recreo... Mucho por recorrer... mucho por contar... y muchos momentos por disfrutar en esta gran ciudad llena de vida y de historia, que darían para volver una y otra vez. Pero el tiempo se me acaba y, al final de mi segunda jornada de visita, tengo que empezar a pensar en el primer madrugón que me espera mañana, y en otros muchos que vendrán después, como única manera posible de evitar las horas de más calor en mi marcha en dirección al Norte. En esta ocasión siempre hacia el Norte... con rumbo a Compostela. Pero volveré. Seguro que volveré.





















































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4 comentarios:

Lola Hiniesto dijo...

Qué bien que hayas puesto palabras a mis recuerdos! Keep on doing

Miguel Aradas dijo...

I will.

Miguel Angel dijo...

Muy bonito!!

Nando dijo...

Lo de las tapas que pones como que no me llaman, ¡¡¡¡ donde este un buen plato de jamón !!!!

Me alegro de que vuelvas a publicar, tendré lectura amena de vez en cunado.Por cierto este domingo fue la prueba ciclista del agua en Betanzos, ¿ participaste?