viernes, 5 de octubre de 2012

ETAPA 11: ALDEANUEVA DEL CAMINO - VALVERDE DE VALDELACASA

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Por el Camino de los Mozárabes: Vía de la Plata

Domingo 27-5-2012 - De Aldeanueva del Camino a Valverde de Valdelacasa (32,5 Km.)
Salida: 7.15 - Llegada: 14.25

¡Somos de Primera!

Cielos casi despejados y temperatura primaveral (Máx. 23ºC)



Después de la gran travesía de ayer, para hoy planifiqué una etapa más corta y, aunque no pasé muy buena noche, me levanté sin prisas. Aún así, madrugué más que el resto de ocupantes de la habitación, todos ellos ciclistas. El local que abre más temprano es la churrería de la plaza del mercado, que lo hace a las 7, pero decidí ponerme un poco antes en camino y desayunar sobre la marcha. A la salida de Aldeanueva, ya en la carretera N-630, está el Hostal Montesol, que abre a la misma hora, y allí estaba yo como un clavo cuando llegó el panadero con un saco de bollos frescos.


















La subida hacia Baños de Montemayor es monótona, porque se hace casi toda por el arcén de la carretera, pero tiene el aliciente de que se contemplan hermosos paisajes de montaña y se pasa junto a varios miliarios reconstruidos, en los que se ha reproducido el contenido original de sus textos grabados. Casi a mitad de camino me adelantaron tres de mis compañeros de albergue, que iban sobre ruedas. ¡Buen Camino! La mañana luce espléndida y la temperatura comienza a ser agradable.

Se atraviesa la Garganta de San Andrés por el Puente de Romanillos, y más adelante el Río Ambroz por el Puente de las Doncellas. Aunque casi no se llega a ver porque queda a una mayor altura, el itinerario recorre un lateral del Embalse de Baños, entrando en Baños de Montemayor junto al pabellón polideportivo "José Manuel Calderón", recién construido.














La pequeña Ermita del Santo Cristo de la Misericordia está situada enfrente, también a la entrada de este pueblo que cuenta además con otras dos iglesias que en su día pertenecieron a dos diócesis distintas, como en el caso de Aldeanueva, y también separadas por el trazado de la Vía de la Plata. Al Marqués de Montemayor pertenecía el terreno donde se asienta la Iglesia de Santa María, asignada a la diócesis de Coria, y a los Duques de Béjar el de la Iglesia de  Santa Catalina, que hoy se usa como auditorio, bajo la dependencia de la diócesis de Plasencia.

La localidad tiene la configuración típica de los pueblos de montaña, con calles estrechas y empinadas, recogidos rincones y casas de piedra con balcones de madera. Cuenta con un balneario construido en el Siglo XIX sobre el solar de unas antiguas termas romanas con cuyos restos han formado un pequeño museo.














Ayer sábado no pude hacer compra, con lo que hoy aprovecho una pequeña panadería abierta para echar a la mochila algo con que matar el hambre a mediodía. Y después toca tirar para arríba, porque las calles se empinan hasta la salida del pueblo, donde se enlaza de nuevo con la ruta en un tramo empedrado que, imitando al firme de la antigua calzada romana, se separa de la carretera y se dirige en paralelo hacia el puerto.

La última localidad de Extremadura va quedando atrás, pero la subida se hace agradable en este tramo final del Valle de Ambroz, que evita el asfalto y asciende por terreno arbolado. Desde un mirador se aprecia una excelente panorámica del camino recorrido, y pronto se sale de nuevo a la carretera, donde un gran cartel nos anuncia que estamos en el Puerto de Béjar, puerta de entrada a la provincia de Salamanca. Al cambiar el territorio también se aprecia un cambio en el tipo de señales que indican la dirección a seguir. A partir de ahora habrá que fijarse bien en el sentido de las puntas de flecha  montadas en pequeños postes de madera.
















Una vez sobrepasado el puerto, el camino se desvía de las vías principales y sigue fiel el trazado de la vía romana, pasando entre varias fincas ganaderas por una zona arbolada que desciende con rapidez hacia el bien conservado Puente de la Magdalena que salva el cauce del Río Cuerpo de Hombre. Pueden verse varios miliarios originales en un tramo de tres kilómetros por los que la calzada progresa en paralelo al río, hasta que éste cambia de dirección. Tras subir por un accidentado tramo en la zona de La Pedrera, enseguida se llega a la Ermita del Humilladero, a la entrada misma de La Calzada de Béjar.



















Al igual que los anteriores, este pequeño pueblo de escasamente cien habitantes estaba situado durante la reconquista en el mismo límite de los reinos cristianos de León y de Castilla, formando parte del concejo de Ávila. De su pasado más floreciente conserva la Iglesia de La Asunción y unas excelentes muestras de arquitectura popular. A escasa distancia se conservan los restos de un fortín romano que servía de puesto de vigilancia de la calzada y protegía el tránsito de viajeros y mercancías. También cuenta con un albergue para peregrinos.














La calzada sigue adelante por un sendero rodeado de vegetación, hasta que se abre en una amplia pista al llegar a los llanos de Campogrande, donde varias personas se entretienen en esta mañana de domingo practicando aeromodelismo. Por el Valle de Sangusín vuelve el paisaje de dehesa, en un recorrido llano jalonado por varios miliarios. A la entrada de Valverde de Valdelacasa me encuentro con el primero de los cruceros de piedra que se pueden ver en esta pequeña localidad. Pregunto por el albergue y me dirigen por la calle de la Iglesia, hacia una cancela pintada de rojo que da entrada a una especie de patio con un caseto acristalado al fondo, es el albergue Nenúfar.



















He llegado hacia la hora de comer, y quizá sea el motivo por el que no me recibe nadie. En el mismo huerto y detrás de la estancia acristalada, en la que dormita hecho un ovillo un peludo gato de angora, por una escalera de piedra se accede a la planta superior de una antigua casa de aldea, habilitada como alojamiento para los peregrinos. Salvo las moscas que revolotean pegajosas bajo un techo abuhardillado que desprende calor, parece que por ahora soy el único ocupante de la casa...

Después de recorrerla en su totalidad, dejo mis pertenencias sobre una cama de la planta baja, que por estar situada en la parte de atrás, más umbría, parece ser una estancia fresca y agradable. En medio de un cierto desorden, y de la absoluta austeridad de la edificación y del mobiliario, me encontré con la grata sorpresa de que en el aseo había una ducha de hidromasaje con abundante agua caliente e hilo musical, un auténtico lujo como premio final de una caminata. Parece que hoy voy a tener tiempo hasta para echarme una buena siesta.


















Una vez instalado y aseado, me dirigí al otro lado de la casa, donde ya estaba la dueña del albergue, una señora de aspecto desaliñado que atiende por Sigi. Después de registrarme le pregunté por un lugar para lavar la ropa, y me contestó que en la casa no había lavadero, pero que podía utilizar el pilón del pueblo, situado a poca distancia. No me convenció la idea y, como eran pocas cosas, me pude arreglar bien en el lavabo; con una cuerda que siempre llevo en la mochila y unas pinzas, monté mi propio tendedero al sol en la parte de atrás de la casa. Más tarde pude comprobar que el tal "pilón" es un lavadero público que no se ha debido utilizar en años, porque el agua que contiene está estancada y repleta de vegetación flotante.

















Valverde de Valdelacasa es una pequeña población con escasos 75 habitantes donde hay poco por ver. Su edificio más destacable es la Iglesia de Santiago Apóstol, que encuentro cerrada, y sus calles son solitarias e irregulares, con casas pequeñas de planta baja y fachadas desalineadas. El único lugar donde hay un poco de movimiento es el bar, auténtico centro social situado al final del pueblo, y allí me dirijo cuando avanza la tarde y se acerca la hora de cenar.

Sentado ante una cerveza, después charlar con el dueño del local y de pasar el rato hojeando el periódico, se acercaba el momento de sintonizar la radio del móvil para escuchar un partido de fútbol de suma importancia. Y mientras daba cuenta de un insuperable plato combinado, gracias a unos pequeños auriculares pude disfrutar, aunque en solitario, de la victoria que supuso el retorno a primera división del Deportivo. El Huesca se adelantó en el marcador y se resistió duramente, pero tras un primer gol de Riki que igualó la contienda, un certero remate de Xisco a pase de Bruno Gama terminó por desatar las emociones contenidas durante una larga temporada de castigo. ¡Somos de Primera! ¡Que tiemblen otra vez el Barça y el Madrid!

Y para redondear un buen final de jornada, cuando regresé al albergue me encontré con que la ropa que había dejado tendida al sol  ya estaba completamente seca. Ya podía dormir tranquilo...















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3 comentarios:

Lola Hiniesto dijo...

Mira tú que esta vez lo que me ha dado envidia de tu etapa ha sido el plato combinado del final. Creo que por la hora que es voy a preparar uno igual para la cena.
Bueeeeno, también me ha gustado mucho la idea de terminar la jornada con una ducha de hidromasaje, pero yo no me he fatiga tanto como tú por esos caminos. Ah, y no tengo ducha de hidromasaje, snif!

Nando dijo...

Pues llegar tan lejos para comer un plato combinado ... que quieres que te diga ... hombre unas patatas meneas o un rabo de toro bueno, pero un plato combinado como que no anima a recorrer a pie la Ruta de la Plata. Las cosas como son

Miguel Aradas dijo...

Nando, te aseguro que, tal como son las cosas, te habrías dado con un canto en los dientes...