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- Longitud: 54,5 Km. - Hora de salida: 08.15 h. - Llegada: 17.05 h.
- Desnivel acumulado en subidas: 1.478 m.
- Altitud inicial: 235 m. - Altitud final: 240 m.
- Altitud máxima: 397 m. - Altitud mínima: 39 m.
- Nivel de dificultad: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - E
- Para descargar y ver el recorrido con Google Earth: Clicar AQUÍ
La mañana amaneció con las calles mojadas y las nubes descansando sobre la ciudad. Víctor había puesto el despertador para las 7, pero es sabido que los peregrinos a pie suelen ser más inquietos, y ya desde bastante antes el albergue estaba en marcha. Nos fuimos levantando sin prisas, y cuando terminamos de montar las alforjas sobre las bicis, dejamos las llaves del cobertizo en el buzón de la entrada y salimos al exterior con los chubasqueros puestos.
Subiendo por la Calle del Carpio, de camino hacia la Catedral encontramos un buen sitio para desayunar en el Café de Julio, donde recargamos los depósitos para dos o tres horas de pedaleo. Volvimos a recuperar aquí la sana costumbre del café con leche doble, el zumo de naranja y las tostadas con aceite de oliva y mermelada que tanto bien nos hicieron durante el Camino Francés. Y así, bien pertrechados para la ocasión, iniciamos nuestra aventura sin olvidarnos de dejar constancia del momento frente a las puertas de la basílica.
Aunque quedan algo apartados del Camino a Compostela, no quisimos dejar pasar la oportunidad de visitar Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, dos templos prerrománicos declarados Patrimonio de la Humanidad y auténtico tesoro del antiguo Reino de Asturias. Ambas formaban parte de un complejo palaciego más amplio mandado construir por el rey Ramiro I en el Siglo IX.
El desvío es pequeño, ya que ambos monumentos se encuentran a las afueras de la ciudad y separados entre sí por escasos cien metros. La primera parte de la subida a la ladera del Monte Naranco se hace por una carretera entre urbanizaciones y con un tráfico denso que no siempre respeta a los ciclistas en la forma debida. Pero el pequeño sacrificio merece sin duda la pena.

Volvimos a recuperar el itinerario correcto en la bajada, a la altura de las últimas edificaciones de la Avenida de la Florida. Al salir de Oviedo, el cambio de paisaje se hace de manera brusca, dejando atrás la civilización urbana y entrando directamente en zona rural. Nos desplazamos ahora por caminos y pistas que atraviesan parajes de un verde intenso, siguiendo siempre las indicaciones de las vieiras que nos marcan en cada cruce la dirección a seguir.
Así, iremos dejando atrás las aldeas de San Lázaro, Loriana y La Bolguina, para cruzar el Río Nora por el Puente Gallegos, construido en el Siglo XIII. Aquí nos encontramos con un primer grupo de peregrinos a pie, todos franceses, que se entretenían en fotografiar los típicos hórreos de planta cuadrada que se repetirán por todas partes a lo largo de las etapas asturianas. Se inicia poco después un tramo de casi 2 Km de exigente subida que nos llevará hasta el Alto del Escamplero atravesando un bosque de robles y castaños.

Tras el rápido descenso hacia Valsera, se entra en una zona de estrechos y oscuros senderos bordeados de espesa vegetación que nos llevará hasta Premoño, ya junto al cauce del Río Nalón. Bosques, prados, puentes sobre pequeños arroyos, pequeñas ermitas, algo de barro y hasta una auténtica selva de ortigas de gran tamaño jalonan esta parte del recorrido haciéndolo especialmente atractivo.


Desde el caserío de Paladín avanzamos durante un buen tramo en paralelo al río, hasta llegar a un estrecho desfiladero que es atravesado por el Puente de Peñaflor. Esta obra, datada en la primera mitad del Siglo XII aunque su estructura actual es de finales del XVI, ha sido reconstruida al menos en diez ocasiones como consecuencia de los desperfectos ocasionados a lo largo de la historia por las crecidas del Nalón. En sus extremos todavía son visibles los restos de los fortines desde los que se intentó sin éxito contener el avance de las tropas de Napoleón hacia Oviedo en 1809. En el núcleo de Peñaflor se puede contemplar la parroquial de San Juan, típica iglesia rural de estilo románico, y un notable conjunto de hórreos.

Muy cerca queda ya la ciudad de Grado, a donde llegamos entrando por el Barrio de San Pelayo con los brazos y piernas llenos de restos de vegetación y de semillas de gramíneas. Allí aprovechamos para hacer el alto de media mañana y reponer fuerzas de nuevo, pero también para acudir a una farmacia donde encontrar el remedio a la inflamación alérgica que sufrió el ojo izquierdo de Victor después de atravesar esa auténtica "selva vírgen".

El descanso nos vino muy bien para acometer lo que vendría después. El ascenso al Alto del Fresno, en la línea divisoria entre los Valles del Nalón y Narcea, es en teoría la mayor dificultad de la jornada, algo más de cuatro kilómetros de subida por asfalto que comienzan con un par de fuertes repechos al salir de la ciudad por el Barrio de la Cruz. Al llegar al collado continuamos subiendo para visitar el Santuario de la Vírgen del Fresno, situado a poco más de 300 m, y desde donde en días claros se puede apreciar una excelente panorámica del valle y de la ciudad de Grado. En esta ocasión nos tuvimos que conformar con imaginarla, ya que desde el mirador del cementerio, construido en forma de balcón a los pies de la iglesia, poco más se veía que las espesas nubes grises que cubrían el horizonte.

En el posterior descenso al Valle del Narcea, abundan los hórreos y las paneras. Dejamos atrás las aldeas de San Marcelo, La Reaz y La Dóriga, donde destaca la portada románica de la Iglesia de Santa Eulalia. Los paisajes siguen siendo excepcionales, pero como todo tiene su contrapunto, encontramos también tramos de sendero donde hay que echar pie a tierra. La humedad y el barro que se acumula sobre las zonas de piedra las hace muy resbaladizas, lo que nos ocasionó alguna caída aunque afortunadamente sin mayores consecuencias. "Ya sabemos que somos capaces de pasar, pero es mejor no arriesgar más de lo necesario..."

Tras cruzar el puente que salva el Río Narcea y después de bordear la localidad de Cornellana, enfilamos hacia el Monasterio de San Salvador. Su construcción data del Siglo XI pero, aunque está considerado como Monumento Nacional, se encuentra abandonado desde la Desamortización de Mendizábal en 1835. En uno de sus laterales han habilitado un albergue de peregrinos, y cuando nos dirigimos a él para sellar la credencial, nos encontramos con lo que iremos viendo como habitual a lo largo de todo nuestro recorrido: A estas horas se encuentra cerrado y sin nadie que lo atienda. Como ya hemos hecho hambre, nos acercamos hasta el pueblo a tomar unas cervezas y unos buenos bocadillos. No queremos cargar mucho el estómago, porque ya sabemos que después de comer...

... toca subir. El camino continúa por detrás del monasterio con una exigente pendiente que asciende hasta el Alto de Santa Eufemia. Primero por asfalto, hasta llegar a los hórreos de Sobrerriba, y luego por una pista de tierra que se interna en el bosque, donde un corzo asustado cruzó por delante de nosotros. Ahora convertida en sendero, la ruta nos conducirá ya de bajada hacia la aldea de Llamas. A partir de aquí, y ya siempre aguas arriba, nos movemos próximos al cauce del Río Nonaya donde el barro vuelve para hacernos compañía, y al rato de sobrepasar Quintana cruzamos su limpio caudal por el Puente de Casazorrina. A estas alturas, al Rey Casto ya no le quedaba ningún familiar digno de mención, pero le salvaba que el destino final de etapa ya se sentía cerca.

Sólo nos queda cruzar la carretera y sobrepasar el caserío de Mallecín para entrar en Salas recorriendo la Avenida del Llaniello. El único albergue aquí es privado, y para ser admitidos hay que dirigirse primero al Restaurante Casa Pacita, donde tienen las llaves. El trato es muy amable y, después de asignarnos plaza en una habitación de 8 camas, nos proporcionan la manguera de un local vecino para limpiar las bicicletas. El albergue es pequeño y con los servicios justos, pero carece de lavadero. La ropa, calzado y equipo que traemos mojados los ponemos a secar en la cocina al calor de un radiador, y en poco tiempo estamos listos para disfrutar de los encantos locales.

Salas es una localidad con una dilatada historia que ha ido perdiendo gran parte de su influencia y de su población con el paso del tiempo. De su pasado señorial destaca en el centro del casco histórico la Colegiata de Santa María la Mayor que, construida en el Siglo XVI como panteón familiar, alberga la sepultura de Fernando Valdés Salas, Inquisidor General y fundador de la Universidad de Oviedo. Frente a ella se levanta el conjunto formado por la Torre y el Palacio Valdés Salas. La torre fue construida en el Siglo XIV, y el Palacio en el XVI, y ambas están unidas por un puente sobre un arco de piedra bajo el que pasa el Camino de Santiago.

En la Plaza de la Iglesia se encuentra también el Ayuntamiento y un par de cervecerías donde, a falta de algo mejor, sirven una Mahou bien fría que, cansados como estábamos, entró como la seda. Fue tan agradable la experiencia, que después del recorrido de visita al pueblo repetimos ronda en el mismo sitio. En el interior del propio Palacio Valdés hay un hotel y un restaurante donde cenamos de lujo. Un menú del peregrino, pero servidos con la misma atención que si hubiésemos pedido a la carta, por sólo 10 euros.

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El Camino Primitivo en bici: Oviedo - Santiago de Compostela
(Clicar en cada imagen para ampliarla)
- Lugares de paso: 1. Catedral de Oviedo - 2. Santa María del Naranco - 3. El Escamplero - 4. Peñaflor - 5. Grado - 6. Alto del Fresno - 7. Cornellana - 8. Salas
- Longitud: 54,5 Km. - Hora de salida: 08.15 h. - Llegada: 17.05 h.
- Desnivel acumulado en subidas: 1.478 m.
- Altitud inicial: 235 m. - Altitud final: 240 m.
- Altitud máxima: 397 m. - Altitud mínima: 39 m.
- Nivel de dificultad: 1 - 2 - 3 - 4 - 5 - E
- Para descargar y ver el recorrido con Google Earth: Clicar AQUÍ
Martes, 24 de mayo de 2011: Para abrir boca, un aperitivo contundente.
Cielos completamente cubiertos, lluvias débiles y temperaturas suaves.
La mañana amaneció con las calles mojadas y las nubes descansando sobre la ciudad. Víctor había puesto el despertador para las 7, pero es sabido que los peregrinos a pie suelen ser más inquietos, y ya desde bastante antes el albergue estaba en marcha. Nos fuimos levantando sin prisas, y cuando terminamos de montar las alforjas sobre las bicis, dejamos las llaves del cobertizo en el buzón de la entrada y salimos al exterior con los chubasqueros puestos.
Subiendo por la Calle del Carpio, de camino hacia la Catedral encontramos un buen sitio para desayunar en el Café de Julio, donde recargamos los depósitos para dos o tres horas de pedaleo. Volvimos a recuperar aquí la sana costumbre del café con leche doble, el zumo de naranja y las tostadas con aceite de oliva y mermelada que tanto bien nos hicieron durante el Camino Francés. Y así, bien pertrechados para la ocasión, iniciamos nuestra aventura sin olvidarnos de dejar constancia del momento frente a las puertas de la basílica.
Volvimos a recuperar el itinerario correcto en la bajada, a la altura de las últimas edificaciones de la Avenida de la Florida. Al salir de Oviedo, el cambio de paisaje se hace de manera brusca, dejando atrás la civilización urbana y entrando directamente en zona rural. Nos desplazamos ahora por caminos y pistas que atraviesan parajes de un verde intenso, siguiendo siempre las indicaciones de las vieiras que nos marcan en cada cruce la dirección a seguir.
Así, iremos dejando atrás las aldeas de San Lázaro, Loriana y La Bolguina, para cruzar el Río Nora por el Puente Gallegos, construido en el Siglo XIII. Aquí nos encontramos con un primer grupo de peregrinos a pie, todos franceses, que se entretenían en fotografiar los típicos hórreos de planta cuadrada que se repetirán por todas partes a lo largo de las etapas asturianas. Se inicia poco después un tramo de casi 2 Km de exigente subida que nos llevará hasta el Alto del Escamplero atravesando un bosque de robles y castaños.
Tras el rápido descenso hacia Valsera, se entra en una zona de estrechos y oscuros senderos bordeados de espesa vegetación que nos llevará hasta Premoño, ya junto al cauce del Río Nalón. Bosques, prados, puentes sobre pequeños arroyos, pequeñas ermitas, algo de barro y hasta una auténtica selva de ortigas de gran tamaño jalonan esta parte del recorrido haciéndolo especialmente atractivo.
Desde el caserío de Paladín avanzamos durante un buen tramo en paralelo al río, hasta llegar a un estrecho desfiladero que es atravesado por el Puente de Peñaflor. Esta obra, datada en la primera mitad del Siglo XII aunque su estructura actual es de finales del XVI, ha sido reconstruida al menos en diez ocasiones como consecuencia de los desperfectos ocasionados a lo largo de la historia por las crecidas del Nalón. En sus extremos todavía son visibles los restos de los fortines desde los que se intentó sin éxito contener el avance de las tropas de Napoleón hacia Oviedo en 1809. En el núcleo de Peñaflor se puede contemplar la parroquial de San Juan, típica iglesia rural de estilo románico, y un notable conjunto de hórreos.
Muy cerca queda ya la ciudad de Grado, a donde llegamos entrando por el Barrio de San Pelayo con los brazos y piernas llenos de restos de vegetación y de semillas de gramíneas. Allí aprovechamos para hacer el alto de media mañana y reponer fuerzas de nuevo, pero también para acudir a una farmacia donde encontrar el remedio a la inflamación alérgica que sufrió el ojo izquierdo de Victor después de atravesar esa auténtica "selva vírgen".
El descanso nos vino muy bien para acometer lo que vendría después. El ascenso al Alto del Fresno, en la línea divisoria entre los Valles del Nalón y Narcea, es en teoría la mayor dificultad de la jornada, algo más de cuatro kilómetros de subida por asfalto que comienzan con un par de fuertes repechos al salir de la ciudad por el Barrio de la Cruz. Al llegar al collado continuamos subiendo para visitar el Santuario de la Vírgen del Fresno, situado a poco más de 300 m, y desde donde en días claros se puede apreciar una excelente panorámica del valle y de la ciudad de Grado. En esta ocasión nos tuvimos que conformar con imaginarla, ya que desde el mirador del cementerio, construido en forma de balcón a los pies de la iglesia, poco más se veía que las espesas nubes grises que cubrían el horizonte.
En el posterior descenso al Valle del Narcea, abundan los hórreos y las paneras. Dejamos atrás las aldeas de San Marcelo, La Reaz y La Dóriga, donde destaca la portada románica de la Iglesia de Santa Eulalia. Los paisajes siguen siendo excepcionales, pero como todo tiene su contrapunto, encontramos también tramos de sendero donde hay que echar pie a tierra. La humedad y el barro que se acumula sobre las zonas de piedra las hace muy resbaladizas, lo que nos ocasionó alguna caída aunque afortunadamente sin mayores consecuencias. "Ya sabemos que somos capaces de pasar, pero es mejor no arriesgar más de lo necesario..."
Tras cruzar el puente que salva el Río Narcea y después de bordear la localidad de Cornellana, enfilamos hacia el Monasterio de San Salvador. Su construcción data del Siglo XI pero, aunque está considerado como Monumento Nacional, se encuentra abandonado desde la Desamortización de Mendizábal en 1835. En uno de sus laterales han habilitado un albergue de peregrinos, y cuando nos dirigimos a él para sellar la credencial, nos encontramos con lo que iremos viendo como habitual a lo largo de todo nuestro recorrido: A estas horas se encuentra cerrado y sin nadie que lo atienda. Como ya hemos hecho hambre, nos acercamos hasta el pueblo a tomar unas cervezas y unos buenos bocadillos. No queremos cargar mucho el estómago, porque ya sabemos que después de comer...
... toca subir. El camino continúa por detrás del monasterio con una exigente pendiente que asciende hasta el Alto de Santa Eufemia. Primero por asfalto, hasta llegar a los hórreos de Sobrerriba, y luego por una pista de tierra que se interna en el bosque, donde un corzo asustado cruzó por delante de nosotros. Ahora convertida en sendero, la ruta nos conducirá ya de bajada hacia la aldea de Llamas. A partir de aquí, y ya siempre aguas arriba, nos movemos próximos al cauce del Río Nonaya donde el barro vuelve para hacernos compañía, y al rato de sobrepasar Quintana cruzamos su limpio caudal por el Puente de Casazorrina. A estas alturas, al Rey Casto ya no le quedaba ningún familiar digno de mención, pero le salvaba que el destino final de etapa ya se sentía cerca.
Sólo nos queda cruzar la carretera y sobrepasar el caserío de Mallecín para entrar en Salas recorriendo la Avenida del Llaniello. El único albergue aquí es privado, y para ser admitidos hay que dirigirse primero al Restaurante Casa Pacita, donde tienen las llaves. El trato es muy amable y, después de asignarnos plaza en una habitación de 8 camas, nos proporcionan la manguera de un local vecino para limpiar las bicicletas. El albergue es pequeño y con los servicios justos, pero carece de lavadero. La ropa, calzado y equipo que traemos mojados los ponemos a secar en la cocina al calor de un radiador, y en poco tiempo estamos listos para disfrutar de los encantos locales.
Salas es una localidad con una dilatada historia que ha ido perdiendo gran parte de su influencia y de su población con el paso del tiempo. De su pasado señorial destaca en el centro del casco histórico la Colegiata de Santa María la Mayor que, construida en el Siglo XVI como panteón familiar, alberga la sepultura de Fernando Valdés Salas, Inquisidor General y fundador de la Universidad de Oviedo. Frente a ella se levanta el conjunto formado por la Torre y el Palacio Valdés Salas. La torre fue construida en el Siglo XIV, y el Palacio en el XVI, y ambas están unidas por un puente sobre un arco de piedra bajo el que pasa el Camino de Santiago.
En la Plaza de la Iglesia se encuentra también el Ayuntamiento y un par de cervecerías donde, a falta de algo mejor, sirven una Mahou bien fría que, cansados como estábamos, entró como la seda. Fue tan agradable la experiencia, que después del recorrido de visita al pueblo repetimos ronda en el mismo sitio. En el interior del propio Palacio Valdés hay un hotel y un restaurante donde cenamos de lujo. Un menú del peregrino, pero servidos con la misma atención que si hubiésemos pedido a la carta, por sólo 10 euros.
Aunque durante esa tarde ya no llovió más, el cielo seguía completamente cubierto de nubes y la temperatura obligaba a ponerse algo de abrigo. No hacíamos más que mirar en la dirección que saldríamos a la mañana siguiente, donde en las alturas se veía el nuevo puente de la autovía bordeando la montaña. Hasta allí tendríamos que subir nosotros después del desayuno, y mucho más allá...
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5 comentarios:
Gracias por el refrescante relato; no si la ruta seguida es la misma para los peregrinos a pie, pero no parece que en esa etapa coincidierais con muchos caminantes
Seguimos la misma ruta de los peregrinos a pie, pero no se ven porque hay muy pocos. Tampoco vimos ninguna bicicleta, pero la cosa cambia radicalmente a partir de Melide donde enlazamos con el Camino Francés. Por eso por aquí la oferta de albergues es muy escasa, y los que hay no son gran cosa.
Aunque ya estamos acostumbrados y no esperamos menos de ti , un relato de etapa estupendo. Vuelvo a revivir la etapa como si estuviera haciéndola otra vez. Eso sí , sin el dolor de piernas je , je.
También he tenido un recuerdo para los jinetes nocturnos , pero prefiero olvidarlo.
Todo se andará, César, sea a pie o a caballo.
Siunceramente impresionante.Te lo curras da gusto leerlo.
Buenas fotos.Un saludo de la TVG
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