jueves, 11 de junio de 2009

TRAVESÍA MONTES AQUILIANOS

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- Distancia Total: 66 Km.
- Hora de Salida: 06.00 h.
- Hora de Llegada: 17.56 h.
- Tiempo total invertido: 11 h. 56 min.
- Puntos de Control/Avituallamiento: 1. Ponferrada (542 m.) - 2. Villanueva de Valdueza (655 m.) - 3. Montes de Valdueza (970 m.) - 4. Peñalba de Santiago (1108 m.) - 5. Cabeza de la Yegua (2128 m.) - 6. Pico Tuerto (2017 m.) - 7. La Guiana (1815 m.) - 8. Ferradillo (1265 m.) - 9. Rimor (578 m.)

- Desarrollo de la prueba: La noche anterior apenas llegamos a dormir dos horas. La tensión propia de lo que nos esperaba al levantarnos, unido a una mala elección del lugar en que fuimos a cenar y a algún que otro SMS que corría enviado por los inquietos ocupantes de la habitación vecina, hicieron que cuando sonó la alarma a las 05.00 h. ya estuviésemos despiertos desde hacía rato.

Con el equipo ya preparado de antemano, salimos del hotel hacia la Plaza del Ayuntamiento de Ponferrada, donde se iniciaba la prueba. No encontramos ningún sitio abierto en el que tomar un café (¡Que poca visión de negocio la de estos bercianos!) y tuvimos que conformarnos con unos zumos y algo de bollería comprada la noche anterior, que entraron de mala gana y a trompicones.

El ambiente de la salida es excepcional, como el de las carreras populares pero de noche. Más de 500 personas esperan eufóricas el momento de ponerse a prueba, animadas también por las consignas de la megafonía. Suena el "chupinazo" y la masa comienza a moverse por las calles en la dirección marcada por los indicadores. Ya fuera de la ciudad el grupo empieza a perder coherencia, aunque la abundante compañía no nos abandona en ningún momento.













Al poco rato comienza a despuntar el día y los ánimos a entrar en calor. El cielo está cubierto de nubes altas y la temperatura es fresca, condiciones ideales para lo que nos proponemos hacer. Los cuatro Juramentados participantes nos fuimos dividiendo en dos parejas según la jerarquía de fuerzas conocida de antemano. Pablo y César fueron abriendo distancia progresivamente, mientras que Víctor y Yo, no dispuestos a llevar un ritmo forzado que mermase prematuramente nuestras energías, las fuimos dosificando para llegar lo más enteros posible a los tramos finales. La elección fue perfecta para todos.

Los primeros 20 Kilómetros discurren ganando progresivamente altura por un terreno de relieve variado, aunque sin pendientes excesivas, pero por una zona de gran belleza natural. Por las primeras faldas montañosas atravesamos espesos bosques de castaños y robles, muchos de ellos de gran tamaño. Siempre por caminos y senderos bien señalizados vamos dejando atrás hermosas aldeas con casas de piedra y techos de pizarra. Cruzamos riachuelos y bordeamos paredes rocosas siempre acompañados con el rumor del agua y el sonido de los pájaros (Aunque ya es tarde, ahora lamento no heber sacado la cámara de fotos en este primer tercio del recorrido).













En Montes de Valdueza llegamos al segundo punto de avituallamiento. Aquí podemos acceder a las mochilas que entregamos en la salida, en las que hemos podido dejar el equipo necesario para corregir posibles "errores de cálculo". Poco después se produce la separación entre los participantes de las versiones corta y larga de la prueba. A los primeros les evitan pasar por las cumbres más altas, y la dificultad del recorrido es menor.

La organización de la prueba es difícilmente mejorable. Los puntos de control/avituallamiento están distribuidos de manera que aproximadamente cada hora de recorrido tengas la posibilidad de reponer fuerzas. Bebida y comida variada y en abundancia que puedes coger a voluntad: aquarius, gua, fruta variada, bollería, bocadillos, barritas y geles energéticos... El trato hacia los participantes es excelente, y se aprecia por parte de todos los componentes de la organización que su prioridad está en hacernos la travesía lo más llevadera posible.

A partir de este punto empezarán las subidas y bajadas más pronunciadas. Los árboles van desapareciendo progresivamente para dar paso a los matorrales que nos acompañarán en las alturas. Los bastones comienzan a prestarnos una gran ayuda para descargar peso y liberar de un buen porcentaje del esfuerzo a nuestras articulaciones.













Tras superar una primera zona de dificultad y su posterior descenso, llegamos a un pueblo de montaña extraordinariamente conservado y digno de visitar con más detenimiento, Peñalba de Santiago. Es obligatorio salir de aquí comidos, bebidos y con la suficiente reserva de líquido, porque comenzará a continuación la parte más dura, el ascenso al pico de Cabeza de la Yegua, el punto más alto del recorrido. Desde aquí ya se ven cubiertas de nubes las cumbres por donde tendremos que pasar.













Este ascenso nos obliga a salvar de golpe un desnivel de 1.120 m, pero con un primer tramo que asciende "a pico" por una fortísima pendiente que no hay más remedio que tomarse con mucha paciencia. Apoyar con fuerza los bastones, clavar bien las punteras, detenernos de vez en cuando a sacar una foto para recuperar el resuello, beber... Parecía imposible, pero conseguimos llegar a la cresta que marca la divisoria de aguas con pulso en las venas. A partir de aquí la subida se suaviza considerablemente pero "casi sin darnos cuenta" ya habíamos ganado 525 metros de altitud. ¡Ánimo! Sólo nos queda otro tanto y un poco más para llegar arriba. En la parte más alta se aprecian unos neveros que resisten desde el invierno. La compañía empieza a ser cada vez más escasa.













Las nubes se van y vienen por momentos. El viento arrecia en la parte más alta y nos obliga a abrigarnos con el "tormentas" que llevamos como única prenda de abrigo. Al llegar al punto de control en Cabeza de la Yegua el paisaje desaparece y arrecia la ventisca. La nieve no llegará a cuajar, pero el termómetro marca -2ºC de temperatura. Con el viento, la sensación de frío es mucho mayor, y tenemos que hacer lo posible por abandonar la zona cuanto antes. Hay que perder altura y salir de la zona de nubes como sea. Cuidado con la fuerte bajada que viene...













Afortunadamente las nubes se van retirando poco a poco y en ciertos momentos nos permiten disfrutar de la panorámica. Recorremos ahora las principales alturas del cordal de los Montes Aquilianos. Un continuo subir y bajar a los diferentes picos que en alguna zona se puede volver peligroso si se nos echa la niebla encima. Afortunadamente la ruta está muy bien jalonada, y las continuas estacas rojas nos permiten seguir el itinerario sin pérdidas, ya que el sendero es por aquí prácticamente inapreciable.

Nos avisan de que la organización ha tenido que suprimir el punto de control de Pico Tuerto. El frío y las escasas posiblidades de protección les han obligado a abandonar. El siguiente punto donde encontraremos ayuda está a poco más de hora y media. Andando en las subidas y trotando en las bajadas, durante un buen trecho nos encontramos solos, sin nadie a la vista por detrás ni por delante. Únicamente nos acompaña de Mª del Carmen, una valiente que se apunta a todas las "batallas".

Llegando al control de La Guiana empieza a llover, a ratos copiosamente. Aquí ya estamos empezando a perder altura, pero la lluvia y las nubes nos acompañarán todavía durante un buen rato. Nos protegemos bajo las ruinas de lo que parece haber sido una ermita, al calor de una pequeña hoguera que ha encendido el personal de la organización. Gracias a este apoyo pueden sacar adelante el punto de avituallamiento y dar un poco de ánimo al personal.













A través de un empinado y accidentado cortafuegos comienza una larguísima bajada que parece no tener fin. Las rodillas se resienten de las horas esfuerzo, pero con la firme ayuda de los bastones seguimos quemando etapas, con la moral muy alta y el convencimiento de que todavía nos queda mucho por recorrer. Nos viene bien no haber forzado la marcha en los tramos iniciales, y ahora es el momento de acelerar el paso cuando el terreno se vuelve faborable.

Víctor y yo especulamos sobre la distancia que nos sacará la otra pareja que marcha por delante al llegar a la meta. Él apuesta por una ventaja de al menos dos horas y yo le replico que me parecería mucho si llegasen a sacarnos una hora. Por su parte, más adelante también hacen cábalas optimistas sobre el asunto. No esperan la "energía desbordante" que seremos capaces de desplegar "los puretas" en el tramo final.













En el control de Ferradillo recibimos una información que confirmará las hipótesis más favorables para nosotros y nos elevará la moral para el tramo final de una jornada que comienza a hacerse interminable: Nos llevan poco más de media hora de ventaja. ¡A por ellos!

Nos esperan todavía senderos de peligrosa bajada, con pasos forzados, zonas de piedra mojada y tramos embarrados que nos obligarán a poner los cinco sentidos en cada apoyo. Algún tobogán traicionero pondrá las posaderas de más de uno en contacto con el suelo. Nada grave...

En Rimor nos detenemos en el último punto de control, donde nos espera un buen puñado de cerezas como grata sorpresa de la organización. A partir de aquí comienza el llano, y nos restan algo más de 8 kilómetros de recorrido. Si queremos llegar a la meta dentro de las 12 horas que nos habíamos trazado como objetivo antes de comenzar "hay que dar zapatilla". Aunque con algún momento de bajón, hacemos casi todo el tramo trotando entre campos y huertas sembradas de cerezos. Nuestras piernas ya no encuentran descanso por ir más despacio y cuanto más corto sea el sufrimiento que nos queda...

Próximos ya a Ponferrada, entraremos bordeando el Río Sil por un largo sendero que nos acerca a su casco antiguo. Cruzaremos el río por unas pasarelas y, al llegar a la altura de la fortaleza templaria, a poco más de 150 metros de la meta, el escepticismo se convertirá en un repentino subidón de moral al ser conscientes de que podemos entrar "en tiempo". Cruzaremos la meta entre aplausos en un divertido sprint final...

11 h. 56 min. ¡Lo hemos conseguido!

Tras la emoción del momento de la llegada nos espera una gratificante sesión de masaje y la entrega del diploma que da fe de nuestra pequeña hazaña. César y Pablo, a pesar de que se emplearon a fondo en los últimos kilómetros, sólo nos sacaron 36 minutos de ventaja. Si la carrera llega a tener 20 kilómetros más ¡Seguro que los alcanzamos! ¡...Pero menos mal que se acabó aquí... !













Poco pudimos disfrutar del ambiente nocturno de Ponferrada, porque a las 22.30 h. ya estábamos "planchando la oreja", pero no faltaron unas frías cervezas con las que celebrar que los Juramentados habíamos superado nuestro último reto... hasta que llegue el próximo, que será pronto.













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6 comentarios:

Pablo dijo...

Pero si íbamos esperando por los ABUELOS....Hay que contarlo todo.

curuñesa dijo...

Pero qué bien os lo pasáisss......

Anónimo dijo...

NO ES POR JODER,PERO RECORDAR QUE HAY UN ESTUDIO REFERENTE A LOS MARATONIANOS Y ES QUE SE PIERDEN MOGOLLON DE NEURONAS Y NO SE RECUPERAN JAMÁS.TOMARLO EN SERIO QUE A PABLITO YA LE QUEDAN POCAS.UN SALUDO DE UN PEQUEÑITO.

César dijo...

Fue una jornada memorable . Y estoy seguro que de no haber sido por la falta de confanza en sus propias fuerzas , los " puretillas incansables " habrían entrado con nosotros o .... un poco por delante. Jejeje..
Sois geniales , y desde aquí os animo a pensar en un nuevo reto que merezca el honor de tener como participantes a ! LOS JURAMENTADOS ¡.

Anónimo dijo...

ESTOS CHAVALES TIENEN UN PAR DE PELOTAS. OS PROPNGO UNA NUEVA AVENTURA: HAY UN MARATON DE 24 HORAS EN CUBA ¿ QUE OS PARECE ? EL MATERIAL QUE HAY QUE COMPRAR ES UNA PIRAGUA ( ES LO UNICO QUE NOS FALTA), UN PARACAIDAS ( POR SI ACASO) Y UNA BOTELLA DE OXIGENO. OLE POR MIS CHICOS

Carlos Mira dijo...

Moi bo relato, este ano, espero poder facela eu tamen, e ler o teu blog da mais animos. Grazas