sábado, 22 de enero de 2011

ETAPA 18: HOSPITAL DE ÓRBIGO - RABANAL DEL CAMINO

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Jueves, 14-10-2010: De Hospital de Órbigo a Rabanal del Camino (38 Km.)
  
Andando con el motor gripado

Frío a primera hora. Sol, cielos despejados y temperaturas agradables el resto del día.



Después de una noche en que dormí plácidamente, ya con todo el equipo preparado bajé a la cocina. Me preparé un buen desayuno con lo que había comprado el día anterior, por lo que gané tiempo, y antes de que amaneciese ya estaba en marcha. A la salida de Hospital de Órbigo hay dos variantes posibles  para llegar a Astorga. Seguir por el monótono andadero en paralelo a la N-120, o desviarme más al Norte por un entretenido camino que, dando un rodeo por una zona de bosquetes y campos de cultivo, pasa por Santibáñez de Valdeiglesias. Como esta última ya la conocía del año anterior y hoy me esperaba una etapa bastante completita, elegí la alternativa más corta. Durante las primeras horas fui bastante abrigado, porque hasta bien entrada la mañana el sol no alcanzó la altura suficiente como para disipar la niebla. Quizá sea por el frío, pero hoy parece que las piernas no me responden como otros días y me cuesta un gran esfuerzo mantener un ritmo vivo.


Una vez recorridos casi ocho kilómetros en paralelo al asfalto, el camino se aleja de la carretera para pasar por el Crucero de Santo Toribio, situado en un alto desde el que se divisa una buena panorámica de Astorga. Pero antes de llegar a la ciudad, al final de la bajada se encuentra la localidad de San Justo de la Vega, con una iglesia dedicada a los mártires Justo y Pastor que  se compone de una nave moderna, construida en ladrillo, vidrio y pizarra, adosada a la espadaña original del Siglo XVI, construida en piedra.

Después de atravesar el puente que salva el Río Tuerto ya se ve de cerca la  capital de La Maragatería, que  fue denominada Asturica Augusta en tiempos de los romanos, y a la que se llega superando la vía del tren por las rampas de un complicado paso elevado que se me antojaron interminables. Definitivamente, hoy "no ando muy católico". Todo lo que hasta ayer me producía ligeras molestias, hoy llega a ocasionarme dolor. Los tobillos, sobre todo el derecho, parece que no quieren entrar en calor, y en los hombros siento como si se me clavase el peso de la mochila, pero... ¡Hay que seguir!


Para acceder al interior del recinto amurallado de Astorga se asciende por  un par de calles hasta franquear la Puerta del Sol. Una vez dentro, nos encontramos con uno de los conjuntos históricos más significativos de la ruta jacobea, donde se junta el Camino Francés con la Vía de la Plata. Nacida como campamento legionario, en la época romana fue el centro desde donde partía hacia la capital del imperio la importante producción de oro del Noroeste de la Península, sobre todo del cercano yacimiento de Las Médulas, y en la Edad Media constituyó un importante nudo de comunicaciones.

Junto a las murallas de origen romano, reconstruida en épocas posteriores, y muy maltratada después por el asedio de las tropas francesas en la Guerra de la Independencia, se encuentran numerosos restos y ruinas de esta ciudad bimilenaria, pero sus monumentos más representativos son la Catedral, el Palacio Episcopal, el Ayuntamiento y la Ergástula romana.


En una de sus calles encontré una droguería donde comprar dos esponjas con las que amortiguar el dolor que me venía produciendo la mochila sobre los hombros, y  más  adelante paré, con la intención de tomar un refrigerio de media mañana, en la barra de un pequeño bareto donde me llevé una decepción por lo mal que me atendieron. Menos mal que me dejó mejor sabor de boca el pastel de crema que me tomé en la sede de la Pastelería La Mallorquina, frente al Palacio Episcopal, toda una institución en la localidad.

En la Plaza de Eduardo Castro se concentran varios monumentos destacables. El Palacio Episcopal, sede también del Museo de los Caminos, construido por Gaudí en su particular estilo "neogótico-modernista" pero que recuerda al castillo de Disneylandia, la Capilla de San Esteban, la Iglesia de Santa Marta y la Catedral de Santa María.


Sede de la diócesis desde el Siglo III, y construida como ampliación sucesiva de otros dos templos anteriores, de estilos prerrománico y románico, la actual nave central de la Catedral  comenzó a edificarse en el Siglo XV en estilo gótico, rematándose casi tres siglos más tarde con la fachada principal y las torres barrocas. Incluso la piedra empleada es de tonalidades distintas, variando desde el verdoso hasta el rosado. De sus muchos elementos destacaría su portada, una auténtica filigrana en piedra . Sólo le pondría un pero, que su impresionante fachada no cabe entera en mis fotos, porque está muy próxima a las casas que tiene enfrente.

Se abandona la ciudad siguiendo la Calle de San Pedro. Después de cruzar la antigua N-VI se enfila una moderna avenida arbolada que nos encamina hacia la cercana localidad de Valdeviejas. La meseta toca ya a su fin. Aquí se acaban las llanuras interminables, y los páramos yermos de la desolada estepa van quedando atrás. Con el terreno también cambia la vegetación, las construcciones y hasta el carácter de la gente. A los pueblos maragatos vuelve la piedra como material predominante de construcción, en este caso de colores pardos y rojizos, y la presencia de casonas con grandes portales y patios interiores pasa a ser una característica que en muchos casos no ha podido resistir el abandono, frenado en alguna medida por el fluir constante de peregrinos.

Tras pasar bajo la Autovía del Noroeste y cruzar un pequeño arroyo, se entra en Murias de Rechivaldo, poco más que un pequeño aglomerado de casas con un sonoro nombre  visigodo y un albergue con terraza al sol. Sigo después entre monte bajo, por un andadero de grava blanca que va ganando progresivamente altura hasta llegar a Santa Catalina de Somoza, donde pararé durante casi media hora a comer un bocadillo, beber  y descansar.


Para acabar la jornada me quedan todavía casi once kilómetros, y la etapa ya se me está haciendo larga. El cielo despejado, el sol y la buena temperatura, circunstancias que en cualquier otra situación me hubieran parecido adecuadas para un agradable paseo, me provocan hoy el mismo efecto que si transportarse plomo sobre mi cabeza. Está claro que me ha tocado en suerte "el día tonto". Me queda el consuelo de disfrutar en lo posible del paisaje.


A lo lejos ya se ven las cumbres del Alto de Foncebadón, que tendré que superar mañana, pero por ahora el camino va ganando altura sin sobresaltos. Al pasar por la localidad de El Ganso me detengo de nuevo a beber y a rellenar la cantimplora en una fuente junto a la iglesia. De vez en cuando pasa algún coche por la pista asfaltada, pero la estampa que se aprecia sugiere abandono y soledad. La pista atraviesa después  por una zona con bosques replantados, pero quedan un poco alejados del camino para dar sombra, y el sol sigue haciendo de las suyas. Mi voluntad quiere alargar la zancada y aumentar la frecuencia de mis pasos, pero hay algo en mí que hace que mi desplazamiento sea un tanto espeso, a lo que colabora también el firme  lleno de piedras que me encuentro por esta zona.

Pero no hay mal que cien años dure, y un par de kilómetros antes de Rabanal, una vez superado el pequeño puente sobre el Arroyo de las Reguerinas,  el camino se transforma en sendero y atraviesa un bosquete de robles y encinas que, aunque con un firme accidentado, lleno de piedras y raíces,  regala un poco de sombra a la última parte de mi etapa de hoy. En el último tramo paso junto a la Ermita del Santo Cristo, a la entrada misma de Rabanal del Camino. Son las cuatro y cuarto de la tarde, de una jornada que se me estaba haciendo interminable.


 Situado a 1.150 metros de altitud, y con escasos cincuenta habitantes, Rabanal del Camino es uno de los pueblos más típicos de La Maragatería. Sus casonas de piedra se articulan a ambos lados de una calle principal, la Calle Real, que avanza cuesta arriba. A media altura se encuentra la Iglesia de La Asunción, pequeño templo románico del Siglo XII, con una característica espadaña visible a gran distancia. La localidad, que vive principalmente del trasiego de peregrinos, es el final clásico de la etapa que comienza en Astorga, por lo que cuenta con cuatro albergues. Me dirijo por una de sus calles laterales hacia el Albergue El Pilar y, tan pronto como salgo de la ducha, extiendo mi cuerpo sobre la cama y me dejo  llevar por una siesta reparadora que mi espíritu venía pidiendo a gritos.


El dormitorio y los aseos no son gran cosa, pero el albergue cuenta con un amplio patio interior que han restaurado de manera acertada, y que al tener un bar con terraza se convierte en el bullicioso centro de reunión de los peregrinos. Cae una cerveza.

A media tarde salgo a conocer el pueblo y me encuentro con unas casas y calles muy bien cuidadas, a pesar de que los habitantes permanentes del pueblo son muy escasos. Delante de un impresionante portalón en forma de arco y con puerta de madera labrada, un vecino que pasa con una caja de lechugas me dice que, tanto la fachada como la puerta, recién restauradas, son originales del Siglo XVI. Como en muchos otros casos, la ha comprado el hijo de uno de los vecinos, que ahora vive en la ciudad, y que está acometiendo la reforma interior para poder disfrutarla durante el verano.

Al pasar junto a la Iglesia escucho un agradable sonido que sale del interior y entro a curiosear. Se trata de música gregoriana cantada por los monjes benedictinos que atienden la parroquia, que junto a los desconchados muros del interior del pequeño ábside dan a la escena un especial encanto al que vale la pena dedicarle unos minutos. Son esas cosas del Camino...



Para rematar la jornada, y aunque todavía tengo el cuerpo y la mente un poco embotados, en la Posada de Gaspar me sirven para cenar un Cocido Maragato que, como es costumbre, sirven al revés. Primero la carne y el chorizo, y después los garbanzos, las patatas y el repollo, que me darán energía para la subida que me espera al comenzar la jornada de mañana. Al volver al albergue se nota en las calles el ambiente  frío y seco característico de la montaña. Dormiré pensando en La Cruz de Hierro.



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5 comentarios:

Be* dijo...

Me puse a leer ésto porque estaba cansada de estudiar y quería relajarme, y creo que me he cansado más leyéndolo, que día más angustioso debiste de pasar, ¡pobriño!

Siempre te quedarán los cánticos gregorianos y el cocido maragato ;)

Nando dijo...

Bueno por fin vemos el interior de un templo. En esto, como en muchas otras cosas, lo importante es el interior.
Lo que no impide que se reconozca la armonía e imagen exterior, de las construcciones de carácter religioso.

Nando dijo...

¿Cual era la razón para hacer etapas tan largas?
la escasez de albergues quizas o el tiempo disponible ....
¿No crees que el camino ha de hacerse, más bien, sin prisas?

Miguel dijo...

No llevaba ningún calendario ni plan preestablecido. Al final de cada jornada preparaba la etapa siguiente "según lo que me pedía el cuerpo y el espíritu".

En los momentos de duda escuchaba siempre a "la voz de mi conciencia", que me iluminaba permanentemente.

A partir de sus consejos, lo único que hacía era dejarme llevar...

... y me llevó bien.

IÑAKI dijo...

A MI ME TOCO DORMIR EN MURIAS DE RECHIVALDO ....EL PRIVADO...INCREIBLE SITIO POR SOLO 8 EUROS EL PUBLICO 6 EUROS PERO COMO TE ATIENDEN.....LUEGO A LOS 2 MESES DE PASAR YO...ME ENTERE QUE LES CAYO 40CM DE NIEVE....

POR CIERTO RABANAL DEL CAMINO UN 10