sábado, 1 de diciembre de 2012

ETAPA 20: REQUEJO DE SANABRIA - A GUDIÑA

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Por el Camino de los Mozárabes: Ruta Sanabresa

Martes 5-6-2012 - De Requejo de Sanabria a A Gudiña (42,2 Km.)
Salida: 6.55 - Llegada: 16.15

De puerto en puerto hacia el país de la lluvia.

Comienza despejado y termina lloviendo (Mín. 10ºC - Máx. 22ºC)



A pesar de que la noche anterior había puesto la alarma con intención de levantarme a las 5.30, cuando recuperé la conciencia y abrí por fin los ojos... ¡Me había quedado dormido! Las luces del dormitorio parecían llevar ya un buen rato encendidas, había bastante movimiento en la sala y algunos peregrinos se disponían a salir del albergue... Me apresuré a recoger el saco y a rellenar la mochila, y allí mismo me preparé el desayuno que tenía reservado. Cuando salí al exterior, hacía ya tiempo que me había quedado solo.

Al llegar al final de la calle de la Carrera, se abandona Requejo de Sanabria caminando por una pista asfaltada. A la altura del cementerio, la ruta enlaza con el camino que sube al puerto siguiendo el cauce del Río Castro, que a a medida que se asciende por la montaña viene a ser poco más que un arroyo. Aunque son casi 12 kilómetros de subida, al principio se va ganando altura sin grandes esfuerzos y disfrutando del paseo por una agradable zona de bosque.















Mientras la mañana va transcurriendo, voy dando alcance a alguno de los peregrinos que echaron a andar un poco antes, pero que van a un ritmo más calmado. Acompañado del permanente murmullo del río y rodeado de un verde intenso, sigo avanzando y ganando altura de manera gradual, y entre robles y castaños voy superando pequeños tramos embarrados, encharcados o con piedras. Cuando se aproxima el fondo del valle, las vías del tren aparecen a un costado, para volver a desaparecer poco después embocando un túnel que se adentra en la montaña. Al llegar a esta altura comienza la parte más fuerte de la subida, y los que van en bicicleta deberán de continuar por otro camino, tal como les recuerdan unos elocuentes troncos atravesados en el itinerario. Agradecerán el buen consejo porque, un poco más adelante, y señalizada con unas vieiras amarillas para los que van a pie, la subida se endurece de manera considerable hasta llegar a su tramo final, en el que por fin se alcanzan los 1.352 metros de altitud de la Portilla del Padornelo y se entra en la Alta Sanabria.














Como paso obligado que es, en el puerto se juntan varias vías de comunicación y el camino termina en el asfalto de la N-525 para cruzar sobre la autovía. Después de pasar junto a la Iglesia de la Asunción, y una vez sobrepasadas las casas de piedra gris características de la aldea de Padornelo, en la bajada se vuelve a recuperar el asfalto durante unos kilómetros, primero por el arcén de la nacional y luego por una carretera secundaria que se dirige a Lubián. Poco después, una flecha nos desvía hacia la pendiente, y nos obliga a bajar por un sendero que serpentea hasta la aldea de  Aciberos, donde se puede contemplar la Iglesia el Carmen. Junto a ella, y a pesar de que todavía no hemos salido de la provincia de Zamora, un sonido se me hace amable y familiar, y es que oigo a un par de paisanos hablando en gallego.
















Pero el descenso no ha hecho más que empezar, porque el sendero continúa después por las laderas de Hedroso y, sin alejarse del cauce del río, entra en Lubián por el Camino dos Portos Carros. Esta localidad es la última de Castilla y León, y aunque hoy no sobrepasa los 350 habitantes, en sus edificaciones se refleja lo que sin duda tuvo que ser un pasado mejor. La torre barroca de la Iglesia de San Mamés destaca entre sus calles perfiladas a media ladera, conformadas por casas con amplias portadas de piedra grabada, balcones de madera sobre soportales y techos de pizarra. Aunque algunas se encuentran en estado de aparente abandono, otras han sido recientemente restauradas, y en el buen gusto de su recuperación mantienen el encanto de los pequeños pueblos de montaña.














En lo más alto del pueblo se conserva el Cortello dos Lobos, una construcción ideada como trampa de caza y diseñada para atrapar a los lobos que intentaban echarle el diente a una cabra u oveja que se ponía en su interior como señuelo. Aunque cuenta con varios siglos de antigüedad, recientemente ha sido restaurado y es posible visitarlo.

El camino sigue su descenso hasta que, al alcanzar los 940 metros de altitud, atraviesa un puente sobre el Río Tuela y pasa bajo el viaducto con el que la autovía A-52 salva el fondo del valle. Justo en este lugar se encuentra el Santuario de la Virgen de la Tuiza que, con planta de cruz latina y torre barroca, conserva en su interior una imagen de la Virgen de las Nieves, patrona de la Alta Sanabria.













La ruta continúa después con otra larga subida de casi 4 kilómetros, por un sendero que asciende por la ladera Sur del Valle de la Tuiza hasta la Portela da Canda. El trazado va ganando altura sin bruscos desniveles, pero con un firme bastante irregular y con la vista puesta en la autovía, que asciende uniforme por la vertiente contraria. Al llegar al puerto se alcanzan los 1.262 metros de altitud y se deja atrás Castilla y León, para entrar definitivamente en Galicia por la provincia de Ourense. En el mismo límite se encuentra el primer mojón gallego con la vieira amarilla del Camino de Santiago, de los que a partir de ahora llevarán inscrita en una placa la distancia que falta hasta la catedral, y que con una envidiable precisión marca 246,244 Km... Tampoco aquí hay unas grandes vistas panorámicas, pero aprovecho la ocasión para darme un pequeño respiro y charlar con un grupo de peregrinos que descansaban a la sombra. ¡Ánimo, ya no queda nada!














Cuando emprendí la bajada, me invadía la agradable sensación de que ya podía respirar a pleno pulmón, como si el aire de este lado me resultase más familiar y el territorio que pisaba fuese de antemano conocido... y más si cabe al encontrarme de frente con la barrera que algún paisano de buena voluntad había colocado en medio del camino para evitar que sus vacas se paseasen por la finca de los vecinos, auténtica demostración de un reencuentro con la verdadera idiosincrasia galaica que me hacía sentir inmensamente feliz por haber llegado a mi casa...















A los pocos minutos de iniciar la bajada se pasa cerca de la Capela de San Antonio, situada junto a las cuatro casas que componen la pequeña aldea de A Canda. En el largo descenso hasta llegar a A Vilavella, primera localidad gallega, el camino sigue la misma dirección que el arroyo que nace en el mismo puerto, el Regueiro dos Santos, y a medida que el valle se ensancha, sus aguas se apaciguan y el agreste paisaje de montaña se adentra en una zona de perfiles suaves y verdes pastos. Convertido ya en río, su corriente cristalina avanza siempre cercana al sendero, que poco antes de entrar en el núcleo de la parroquia de O Pereiro se separa del cauce para acercarse a la Ermita de la Virgen de Loreto. Desde poco después del mediodía, el sol ha ido dando paso a las nubes, que pasarán a dominar el panorama a medida que la tarde vaya avanzando.














La pequeña localidad de O Pereiro está formada por una agrupación irregular de añejas casas de piedra gris entre las que a duras penas sobresale el campanario de su Iglesia de San Pedro, y que dan como resultado una calle alargada con cierto aspecto de abandono. Los más de 6 kilómetros que siguen después hasta la aldea de O Canizo recorren un territorio bastante peculiar, alternando parajes inhóspitos con rincones de gran belleza. Los alrededores del ascenso al alto de Portela Blanca parecen haber sido arrasados por el fuego hace ya algún tiempo. El terreno pedregoso, los restos de viejos troncos y retamas abrasadas que hoy semejan un bosque de escobas, y las inmensas moles de granito distribuidas en desorden, son los elementos que componen un paisaje de apariencia lunar, donde la vida pugna por recuperar su energía en forma de una gran alfombra de florecillas de color blanco y rosado que brotan directamente del suelo.

Atravesar el agua remansada del Regueiro dos Arandos por una pasarela de piedras supone un breve respiro de verde intenso, para continuar después a lo largo del estrecho sendero que recorre el solitario paraje de Os Homes Mortos y que se ensancha al pasar por A Mazaira en una amplia pista que llega hasta la entrada de la siguiente aldea, que también parece aquejada de abandono.














Salvo la torre barroca de su Iglesia de Santa María, poco hay que destacar del poblado de O Canizo. Nos recibe con una amplia fuente-abrevadero de agua corriente y nos despide, una vez sobrepasada la triste agrupación de casas, con un curioso cruceiro anclado sobre una gran piedra. Pero al alcanzar los 1.067 metros de altitud del Alto do Canizo el camino parece querer regresar de golpe al mundo civilizado, ya que, al comenzar el descenso, se junta con la carretera N-525, cruza sobre la autovía A-52 y, después de pasar al costado de una planta de energía solar y de bordear la estación de ferrocarril, entra en la localidad de A Gudiña. Y después de lo visto y recorrido hoy, esta localidad de 1.500 habitantes que pone fin a esta larga etapa tiene todo el aspecto de las grandes urbes.















Para llegar al albergue hay que tomar un desvío a la entrada del pueblo y pasar bajo las vías del tren. El edificio es propiedad de la Xunta de Galicia, y lo gestiona el ayuntamiento a través de hospitaleros voluntarios. Al abonar los 5 euros de la inscripción te dan una sabana ajustable para cubrir el colchón y una funda para la almohada, agradable sorpresa que se irá repitiendo en todos los albergues de la red autonómica que, como éste, suelen estar dotados de excelentes instalaciones. En la planta inferior cuenta con cocina, comedor, aseos y lavadero, reservando la planta alta para dormitorio común.

Y como ya venían anunciando las nubes a lo largo de la tarde, cuando acababa de tender la ropa a secar comenzó a llover con fuerza, y me dio el tiempo justo para rescatarla y ponerla bajo techo. Y en esas estaba cuando empecé a oír voces en un particular acento que se me hacía conocido... Era Tierry, que se apresuraba a entrar en el albergue para ponerse a cubierto, y que reaparecía después de varias jornadas perdido.













Situada a las puertas de Galicia, A Gudiña debe su nombre a que su territorio albergó varios asentamientos de pobladores godos. Se le concedió escudo con motivo de que, el 15 de Junio de 1506, pernoctaron en ella Felipe El Hermoso y su esposa Juana, que desde La Coruña se dirigían a las proximidades de Puebla de Sanabria para reunirse con Fernando El Católico. La población estuvo dividida entre las diócesis de Astorga y Ourense hasta mediados del siglo pasado, motivo por el cual cuenta con dos templos parroquiales, la Iglesia de San Martiño y la de San Pedro, construidas en los Siglos XVII y XVIII. Esta última tenía abierta la entrada, por lo que pude contemplar sus retablos y una antigua pila bautismal.

La carretera N-525 atraviesa la localidad de parte a parte, y en paralelo a ella discurre su núcleo urbano, agrupado en torno a la Calle Mayor, donde pueden observarse buenas muestras de sus construcciones tradicionales. En el centro de una pequeña plaza, en realidad un cruce de caminos, destaca un cruceiro en piedra que indica el lugar de donde parten los dos ramales del camino por los que se puede continuar hacia Ourense. Uno más largo por Verín, y otro más corto, y también más frecuentado, que se dirige hacia Laza.















Cuando la lluvia aflojó su ímpetu, pude salir a hacer las compras y a proveerme de fondos en un cajero, porque estaba avisado de que no volvería a ver otro hasta llegar a Ourense. Al cabo de un rato me encontré con Tierry, que también terminó saliendo a comprar, y pasamos parte de la tarde charlando y disfrutando de unas cervezas. El francés pone voluntad para hacerse entender, y utiliza las escasas expresiones que conoce en castellano para acabar haciendo una mezcla que casi nunca es acertada, por lo que finalmente convinimos que sería más sencillo comunicarnos en su lengua. Me contó que estaba actualmente sin empleo, y que se preparaba para convertirse en guía del camino para grupos de escolares franceses.

Como la tarde se iba echando encima y él regresaba hacia el albergue con intención de prepararse los mismos espaguettis con tomate que ya le había visto cocinar en ocasiones anteriores, yo busqué un lugar donde cenar sentado en una mesa, y lo encontré en el Hostal O Peregrino. Lo primero que me sirvieron fue una cerveza en jarra helada de las que ya llevaba tiempo echando de menos, seguida de una humeante cunca de caldo gallego y de un suculento filete con patatas fritas y pimientos. A su lado, me río yo de lo que en otras latitudes me sirvieron con el pretencioso nombre de "carne de ternera", y que sólo el hambre de un peregrino es capaz de convertir en algo digerible... ¡No hay ni un mínimo argumento para la comparación!



Y después de experimentar unas sensaciones tan agradables, pasé el resto de la noche pensando que, efectivamente, había vuelto a casa...


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domingo, 25 de noviembre de 2012

ETAPA 19: MOMBUEY - REQUEJO DE SANABRIA

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Por el Camino de los Mozárabes: Ruta Sanabresa

Lunes 4-6-2012 - De Mombuey a Requejo de Sanabria (45,4 Km.)
Salida: 5.45 - Llegada: 16.45

Mil aldeas, mil ermitas.

Cielos despejados y temperatura agradable (Mín. 8º - Máx. 23ºC)



En previsión de otra larga etapa, hoy tocaba un nuevo madrugón de los de levantarse a las cinco, cuando el resto de peregrinos todavía dormía. Llevé todos mis trastos al aseo, única estancia dentro del albergue separada del dormitorio, y allí me vestí en silencio, desayuné como pude y preparé la mochila. Al salir al exterior era de noche, hacía frío, y con la escasa iluminación de las farolas enfilé la Calle de la Iglesia hacia la salida de Mombuey. Al abandonar la zona urbana la oscuridad era completa, pero me ayudaba de una pequeña linterna para comprobar las indicaciones de la ruta.

Al principio, el camino marcha en paralelo a la carretera N-525 y, cuando al cabo de un rato llegué al primer desvío, me encontré arrancada la marca de piedra que señala la dirección a seguir, que ya no quedaba clara. Busqué otras flechas que confirmasen la ruta, pero no las encontré, y en lugar de cruzar la calzada, seguí hacia la izquierda por el camino que lleva a Prado Redondo. No las tenía todas conmigo, porque durante un buen rato no volví a ver ninguna indicación, y al encontrarme de frente con las obras del AVE me convencí de que había elegido la dirección equivocada. Tuve que volver sobre mis pasos hasta la señal que me había llevado al error, y comprobé que tenía que haber seguido de frente, pero ya casi había perdido la media hora de margen que le había robado al sueño...













La etapa de hoy discurre íntegramente por la comarca de Sanabria, situada en el extremo Noroeste de la provincia de Zamora, y limítrofe con Portugal y con las provincias de León y Ourense. Rodeada de montañas, tiene una altitud media próxima a los 1.000 metros y, según se avanza hacia el Oeste, se asemeja cada vez más al territorio gallego, tanto por el paisaje y la orografía de sus valles como por la distribución de la población, la tipología de sus edificaciones, e incluso, por las costumbres y el habla de sus gentes.

El itinerario marcha en paralelo a la carretera N-525, la Autovía A-52, las vías del ferrocarril y las obras de la nueva infraestructura del AVE que se dirigen hacia los puertos de O Padornelo y A Canda, entrada natural a Galicia. Aquí abunda el agua, el verde y la tierra fértil, y la población se reparte por todo el territorio en pequeñas aldeas, donde nunca falta una iglesia o ermita consagrada al patrón local. Pero en su mayoría se encuentran cerradas, con lo que salvo alguna rara excepción, es imposible admirar los pequeños tesoros que encierran.
















A medida que avanza la mañana voy pasando por varias de estas pequeñas localidades. En Valdemerilla se encuentra  una Iglesia dedicada a San Lorenzo, con una espadaña que da la impresión de estar a punto de venirse abajo. A la entrada de Cernadilla está la Ermita del Cristo, y poco después la Iglesia de La Purificación de María, de torre barroca. Dos kilómetros más allá, en  San Salvador de Palazuelo se pasa junto a la Iglesia de la Transfiguración del Señor, románica del Siglo XIII y con una escalera exterior por la que se accede directamente al campanario.














Por una amplia pista forestal donde abundan los robles y los castaños se llega pronto a Entrepeñas, localidad con 65 habitantes situada junto a uno de los brazos del Embalse de Cernadilla que retiene el caudal del Río Tera, donde se encuentra la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, construida en el siglo XVI, y que después de ser arrasada por un incendio conserva todavía algunos elementos de su origen barroco, como el retablo y la pila bautismal, aunque su moderna torre es un tanto impersonal. En el núcleo de la aldea se puede apreciar alguna muestra de la arquitectura popular de la zona.















Un cambio de orientación nos desvía hacia el Norte para evitar las obras del AVE y, tras sobrepasar la autovía, nos lleva a cruzar la carretera a la altura de Asturianos junto a la Ermita del Carmen, patrona de la localidad. Aquí me encontré con Andreas, en esta ocasión acompañado de una sonriente peregrina. El teólogo alemán me comentó que la noche anterior, después de no haber encontrado alojamiento en Mombuey, se vio obligado a continuar andando resignadamente hasta el albergue de Cernadilla, al que llegó casi a las diez de la noche cuando el resto de peregrinos ya estaban acostados. Pero, al parecer, hoy ya se había olvidado de la fatiga y su rostro reflejaba felicidad...













Continúa el periplo por la región con rumbo hacia el Oeste, pero los cambios de dirección hacia las pequeñas aldeas son constantes, y en alguna ocasión puede más la tentación de seguir por el arcén de la carretera para acortar unos cuantos metros que la fidelidad a la ruta señalada. Y así se llega junto la Ermita de la Encarnación, en Palacios de Sanabria, junto a cuya entrada lateral me llama la atención un limosnero con un artístico grabado en la piedra que reza: SI AQUÍ TU LIMOSNA ECHARES TUS CAUDALES CREZERÁN A MILLARES













Por un sendero boscoso que sigue la trayectoria del antiguo Cordel de Benavente se llega a Remesal, pequeña localidad de 23 habitantes perdida en medio del monte, en cuya Ermita de Santa Marta tuvo lugar el 20 de junio de 1506 la reunión entre Fernando el Católico y Felipe el Hermoso que dio lugar al acuerdo llamado Concordia de Villafáfila, por el cual Fernando se retiraba a sus posesiones en Aragón y le cedía el trono de Castilla al esposo de su hija Juana, dado que se consideraba que la legítima heredera estaba incapacitada para reinar debido a su enajenación mental. La vigencia del acuerdo fue breve debido a la muerte de Felipe a los pocos meses, volviendo Fernando a asumir el trono de Castilla como regente, dado que el heredero de Juana y Felipe, el futuro emperador Carlos V, tenía tan sólo 5 años de edad.














En el tramo siguiente se vuelve a cruzar la autovía por dos veces, bordeando por una pista asfaltada la Iglesia de Santo Tomás Apóstol, en la localidad de Otero de Sanabria. Tras sobrepasar el Arroyo del Manzanal se llega a la aldea de Triufé, donde en medio de varias casas en ruinas y alguna rehabilitada se encuentra la pequeña Ermita de San Amaro, a un paso ya de la villa de Puebla de Sanabria, que pronto se aprecia a lo lejos en una panorámica que domina todo el valle. Sólo queda cruzar de nuevo la autovía y descender hacia el cauce del Río Tera para apreciar el elevado promontorio donde se asienta la magnífica fortaleza tras la que se defendía su población.

















Capital de la comarca, la Puebla de Sanabria es una localidad de 1.600 habitantes cuyo casco histórico ha sido declarado Conjunto Histórico-Artístico. Se encuentra ubicada en lo alto de un cerro, delimitado en gran parte de su contorno por la confluencia del Río Castro con el Río Tera, y situada en una zona estratégica fronteriza con Portugal y desde donde se controlaba el paso entre Galicia y Castilla.

Su núcleo urbano, antiguamente amurallado, está articulado alrededor de la Plaza Mayor, donde se encuentran sus edificios más destacados: El Ayuntamiento, la Iglesia de Nuestra Señora del Azogue y el Castillo de los Condes de Benavente. Sus calles empedradas y sus casas de piedra con fachadas blasonadas, amplios balcones y galerías acristaladas, dan una clara muestra de la importancia de esta localidad a lo largo de la historia.













La ciudad cuenta con fuero propio desde el reinado de Alfonso IX, a finales del Siglo XII, y dentro de ella, el Castillo constituía el principal baluarte defensivo del conjunto de murallas que la rodeaban por completo y de las que sólo quedan algunos tramos. Fue construido durante el Siglo XV sobre los restos de una antigua fortaleza por Alonso Pimentel, tercer Conde de Benavente, y cuenta como elemento central con una gran torre del homenaje, el macho, rodeada por recias murallas con varios cubos cilíndricos. La fortaleza cambió varias veces de dominio y resultó parcialmente destruida, tanto en las guerras con Portugal como en la Guerra de la Independencia, siendo cedida al ayuntamiento a finales del Siglo XIX, quien se encargó finalmente de su reconstrucción después de haberle dado usos tan dispares como prisión, gallinero y almacén de paja. Actualmente, sus salas albergan diversas actividades culturales.


También en la parte alta de la villa se encuentra la Iglesia dedicada a su patrona, la Vírgen del Azogue, iniciada en el Siglo XII en estilo románico, aunque cuenta con reformas y añadidos posteriores. Adosada a ella en uno de sus costados se aprecia la Ermita de San Cayetano, pequeña capilla con una rica ornamentación barroca. Completa la plaza el edificio isabelino del ayuntamiento, construido en la época de los Reyes Católicos, cuya fachada cuenta con dos plantas porticadas flanqueadas por sendos torreones.















Buen lugar es éste para hacer un descanso y reponer fuerzas, y también lo sería para terminar aquí la etapa, pero como todavía me quedaba una buena porción del recorrido previsto para hoy, después de la corta visita abandoné la parte alta del casco histórico, y sentado en un mesón de la Calle del Arrabal pude saciar adecuadamente la sed y el hambre, que a estas horas ya amenazaba con que mi estómago empezase a hablar alto y claro...

Pasaban ya de las 2 de la tarde cuando salía de la Puebla, cruzando el Río Castro sobre el puente medieval y enfilando la pista que, bordeando su cauce, se dirige hacia los puertos de montaña. Durante un buen rato se camina a la sombra de los chopos y con el murmullo del cercano discurrir del agua. Aunque la hora es propicia para la siesta, el camino se hace agradable, y alternando tramos de buen firme con otros de molestos cantos rodados, e incluso alguna incursión por el asfalto, en algo menos de dos horas se llega a la Iglesia de Santiago, situada junto a una arboleda próxima a la aldea de Terroso.
















No queda más que un último esfuerzo, y después de sobrepasar una zona boscosa por un sendero que avanza en ligero ascenso, se vuelve a perder altura hasta llegar a atravesar la autovía por un puente, muy cerca ya de la entrada en Requejo de Sanabria, localidad  situada a los pies del Puerto del Padornelo y que marca para mi el final de esta larga jornada.















El camino desemboca en la carretera N-525, que atraviesa la localidad pasando junto a la Ermita de la Virgen de Guadalupe y muy próxima a la Iglesia de San Lorenzo, que domina desde lo alto con su vistoso campanario. Mi primera intención es buscar plaza en uno de los albergues y, tras visitar el que está al borde de la carretera, decido quedarme en el local de propiedad municipal, donde ya están alojados varios peregrinos y, aunque es un tanto austero, está limpio, ordenado y es mucho más barato.

Aquí me encuentro con una pareja de cierta edad que se me hace conocida... y después de mucho dar vueltas a la cabeza me viene a la memoria un desayuno en completo silencio en un día ya lejano, en el albergue de El Real de la Jara, cuando todavía no había abandonado los calores de la provincia de Sevilla... Pero esta vez sí se soltaron a hablar, y me comentaron que habían hecho algunos de los tramos posteriores en autobús.














Después de las tareas rutinarias de cada final de etapa, ducha y colada incluidas, por fin pude hacerme las curas de unas pequeñas heridas que me salieron entre los dedos de los pies, a pesar de que cada día ponía especial cuidado en proteger con pequeñas tiras de esparadrapo aquellas zonas más sensibles a las rozaduras. Cuando ya estaba preparado para una nueva batalla, salí a conocer el pueblo y sus lugares de aprovisionamiento, que aquí se limitan a una pequeña tienda de comestibles y a un par de bares junto a la carretera. La variedad no era mucha, pero además de disfrutar de una cerveza bien fresca, pude comprar lo necesario para salir tranquilo al día siguiente.

















Requejo de Sanabria es una pequeña localidad con unos 170 habitantes que se encuentra en un entorno natural privilegiado, rico en agua y plagado de fuentes, arroyos y regatos. Situado a 1.000 metros de altitud, en el inicio del ascenso al Puerto del Padornelo, cuenta en sus alrededores con parajes naturales de gran valor, como el Bosque de Tejedelo, una masa forestal de tamaño considerable que conserva un buen número de tejos, robles y castaños, algunos de ellos milenarios, así como diversas especies de aves y mamíferos. En las calles de su núcleo urbano hay varias fuentes, y se pueden apreciar hermosos ejemplos de construcciones típicas de esta zona de montaña, casas de piedra con amplios balcones de madera y tejados de pizarra.













Al final de la jornada, una vez tumbado sobre la cama y oyendo a través de mis pequeños auriculares las noticias que daban por la radio, me fui quedando dormido con la mente puesta en la siguiente jornada, auténtica "etapa reina" donde me había propuesto el ambicioso objetivo de superar los dos puertos de mayor entidad de todo el recorrido hasta Compostela, El Padornelo y A Canda, con la intención de finalizar en la localidad orensana de A Gudiña.

Galicia estaba ya a tiro de piedra...


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