martes, 16 de noviembre de 2010

Etapa 5: MONREAL - PUENTE LA REINA

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Viernes, 1-10-2010: De Monreal a Puente la Reina (31 Km.)

  Fin del camino aragonés

Cielos con alguna nube alta y temperaturas casi veraniegas


A las 7 en punto suena el despertador en el albergue de Monreal. Nada más levantarme se confirman mis temores de la tarde anterior. El dolor en el talón no ha remitido y andar me sigue ocasionando molestias. Es como si mi pie se riese del ibuprofeno. Soy consciente de que la tendinitis tiene mal alivio y no suele remitir, de que es necesario reposo, pero no estoy mentalmente preparado para estar parado un par de días. Al menos... no todavía... no aquí. Seguiré con la etapa que había previsto aunque tendré que ir más despacio. Antes del desayuno, los chavales me dicen que me incluya en su grupo, que ellos se lo toman con calma, pero no quiero ser una carga para nadie. Saldré un rato antes y seguro que no tardarán en alcanzarme. Veremos cómo responde el asunto.

Todavía en frío y con la precaución de no forzar el paso, inicio la marcha rodeando el cerro Mons Realis que da nombre al pueblo. El terreno es favorable hasta llegar a Yárnoz, el primer núcleo habitado y con iglesia de los muchos que iré sobrepasando en esta jornada. Le sigue después un estrecho sendero a media ladera que va bordeando la Sierra de Alaitz y, entre vueltas y revueltas, va dejando a un lado los caseríos de Otano y Ezperun mientras atraviesa alguna zona de cantera.


Guerendiáin es un pequeño pueblo muy  bien cuidado, con calles empedradas, casas de piedra restauradas y una bonita iglesia. A su entrada hay una fuente donde me detengo unos minutos. Allí me encuentro con el grupo de los tres madrileños  que iban por delante y con los que también he coincidido durante los últimos días. Tras cruzar unas palabras y llenar el bidón de agua, sigo mi marcha por el sendero que sigue a media ladera entre árboles, monte bajo y algún pastor con su rebaño. Hace ya un buen rato que a mi derecha se puede contemplar una excelente vista de la Cuenca de Pamplona, con la ciudad al fondo.


Todos mis músculos parecen haberse puesto de acuerdo para seguir adelante, y mi pierna, que de vez en cuando se queja de alguna pisada poco ortodoxa, va respondiendo de manera aceptable. Si el nivel de dolor sigue controlado podré terminar la etapa, pero tendré que hacer paradas con más frecuencia. No voy muy rápido, pero a las 11.15 h. ya estoy llegando a Tiebas. A la entrada, junto a las ruinas del castillo construido en el Siglo XIII por Teobaldo II de Navarra, hay un área de descanso donde me detengo a descansar, a beber y a comer algo de fruta que llevo en la mochila. Cuando al cabo de un rato me dispongo a reanudar la marcha, veo venir a Jordi, Jose, Johan y Philippe. Ahora que sé que puedo con la etapa me uniré a ellos para completar el resto del recorrido.


Philippe se ríe cuando le digo que junto a cada iglesia siempre hay unos cables cruzados, algún coche aparcado o unos contenedores de basura dispuestos allí para estropear una buena foto. Pero es totalmente cierto, y a lo largo del camino iré comprobando que esta afirmación se convierte en una especie de "ley universal" que siempre se cumple. También en Tiebas, junto a la Iglesia de Santa Eufemia.

A partir de aquí, además de disfrutar del paisaje lo haré también de una buena compañía y de una animada conversación, lo que hace que por momentos me olvide de otros asuntos. Siguiendo nuestro camino, llegaremos a Muruarte de Reta  tras atravesar la carretera a Pamplona por un túnel y un par rotondas. Entre campos de labor sobrepasaremos Olcoz, al que se llega por una pista asfaltada, y recorreremos  posteriormente un largo tramo entre viñedos, campos de cereal y algún olivar, para llegar a las primeras urbanizaciones de Enériz, situado al Sur de la Sierra del Perdón. A esta hora el calor ya empieza a apretar y es buen momento para tomar unas cervezas y sentarse a comer, para lo que encontramos un buen sitio frente a la Iglesia de la Magdalena, en el Mesón del Camino.



Esta comida será la última antes de que el grupo se separe, ya que Philippe y Johan han decidido terminar la etapa en el albergue de Eunate, al que resta poco más de media hora de camino. Es curioso como cuatro personas de procedencias tan dispares han terminado "haciendo piña" en el poco tiempo que llevan juntos. Dos catalanes ya amigos de antes, Jose y Jordi, que con buen humor dedican gran parte de su tiempo libre a su afición de moverse por la montaña; el holandés Johan, todo un profesional del mimo, que consigue componer algunas caras inverosímiles, haciendo y deshaciendo estudiados gestos que provocan las más variopintas emociones; y el francés Philippe, el ejecutivo que ha abierto un paréntesis en su actividad para dedicar algo más de dos meses a perderse, o encontrarse, en el Camino de las Estrellas. Un buen grupo en el que yo no soy más que un agregado de última hora, pero al que me alegro de haberme sumado.

En medio de la comida, el informativo de TV lanza la noticia de la suspensión de Alberto Contador por un posible dopaje,  lo que no deja de ser una sorpresa que dará para más de un comentario. Reanudamos la marcha, saliendo de Enériz por un camino amplio y recto que atraviesa una llanura cultivada, y que pronto se desviará hacia el sendero que nos conduce directamente a la Iglesia de Santa María de Eunate, un singular templo románico de planta octogonal, construido en el Siglo XII y rodeado en todo su perímetro por una galería porticada.



Aquí coincidimos de nuevo con el grupo de tres madrileños, que van haciendo la etapa a un ritmo similar  al nuestro y también se detienen a contemplar esta pequeña joya. Son momentos de despedida e intercambio de direcciones de correo en los que me mantengo a una prudente distancia. Philippe me llama con intención de tomar nota de la mía y le digo que no se la voy a dar "porque estoy seguro de que volveremos a encontrarnos a lo largo del Camino". No sé lo que habrá pensado de mí.

Ahora ya sólo somos tres los que seguimos adelante con intención de terminar la etapa y que pronto superaremos el repecho donde se encuentra la población de Óbanos, localidad que en el Siglo XIII fue nombrada por Sancho el Fuerte como sede de la Junta de Infanzones y que cuenta con varios edificios de origen gótico de interés. Aquí se junta el camino que viene de Somport con el de Roncesvalles, que se convierten a partir de ahora en un único Camino Francés a Compostela.































Ya "a la vuelta de la esquina" entramos en el casco histórico de Puente la Reina. Al final de la Calle Mayor, donde se encuentra la Iglesia de Santiago, hemos de pasar bajo un pequeño arco ojival para acceder al  lugar que da nombre a la villa, un puente románico mandado construir por la reina Doña Mayor en el Siglo XI y que, sostenido por  seis arcos de medio punto, atraviesa el Río Arga.


Para llegar al albergue Santiago Apóstol  hemos de cruzar al otro lado del puente, franqueando sus 110 m. de largo, y subir por un camino en pendiente que a estas alturas "se me hace cuesta arriba". Son  más de las seis de la tarde y ya tenía ganas de llegar. El dolor en el talón no ha remitido en todo el día y, de seguir así, tendría que cambiar todo mi planteamiento. Se me pasa por la cabeza incluso la posibilidad de abandonar, pero no la contemplo.

Después de las tareas rutinarias de rigor en el albergue salgo otra vez al pueblo a visitar una farmacia. Tras una rápida consulta decido cambiar el ibuprofeno por aceclofenaco, otro antiinflamatorio más potente que se vende con el nombre comercial de Airtal. Me lo suministran unas manos expertas recién salido de fábrica.

Jordi y Jose, que han termindo aquí su recorrido y su tiempo, encuentran billete para salir en autobús desde Pamplona hasta Barcelona a la mañana siguiente, por lo que me despediré de ellos después de la cena. ¡Gracias por todo! Fin del camino aragonés. Mañana comienza una nueva etapa.


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jueves, 11 de noviembre de 2010

Etapa 4: SANGÜESA - MONREAL

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Jueves, 30-09-2010: De Sangüesa a Monreal (28 Km.)

  Hasta el pie de La Higa

Cielo cubierto de nubes altas con algún claro. Temperaturas agradables

Hoy la etapa es un poco más corta que las anteriores, porque no hay mucho donde elegir. La alternativa a Monreal es seguir hasta el siguiente albergue, lo que supondría recorrer 14 Km. adicionales, y no se trata de darse una paliza a diario ahora que estoy empezando. Ya llegará la meseta  con un terreno más favorable para hacer etapas largas.

Como en los días anteriores, comienzo a andar cuando todavía no hay luz suficiente para hacer fotografías, con lo que me quedo sin las imágenes de la salida de Sangüesa. Por un puente metálico junto a la Iglesia de Santa María la Real se cruza el Río Aragón, aquí con un caudal respetable, y siguiendo la carretera que va a Pamplona se bordean los terrenos de una  olorosa fábrica de pasta de papel. Después de una fuerte subida que nos lleva al pueblo medieval de Rocaforte viene un tramo de 18 Km. en los que no se volverá a pasar por ningún lugar habitado.


Durante un largo trecho se suceden los molinos de un parque eólico situado en las alturas de la Sierra de Salajones. El camino gana progresivamente altitud mientras va dejando atrás algún establo o caseta de pastores, una fuente con un largo abrevadero, el tramo de una ruta de BTT... hasta que después de sobrepasar una carretera bajo un túnel se accede al alto de Aibar, desde donde se puede contemplar una buena panorámica del Valle de Lumbier.


Se entra ahora en una zona muy verde, con caminos rodeados de arbolado, senderos que discurren a media ladera y algún arroyo. Se sobrepasa más de una cancela (que en esta zona llaman portillo) para limitar el paso de animales; algunos caballos y vacas que pastan en completa libertad. El paseo es agradable, pero ya desde hace un rato estoy notando molestias en el talón de la pierna derecha. Espero que sea algo transitorio.

Una vez dejada a la derecha la aldea abandonada de Olatz se accede enseguida al valle de Ibargoiti, con la vista del monte La Higa al fondo, que con su aspecto de pirámide estará ahí presente hasta el final de la etapa. Aunque a distancia, el camino marcha ahora por pistas agrarias en paralelo a la CN-240, que va de Pamplona a Jaca, y de la moderna Autovía del Pirineo. Me detengo en Izco, el primer lugar habitado que encuentro desde casi el comienzo de la jornada. No hay más sitio para sentarse a tomar una cerveza y un bocata que el albergue, situado en lo alto del pueblo en una pequeña explanada junto al frontón. En ese momento caen sobre  la terraza unos rayos de sol muy agradables que hay que aprovechar.



Cuando me pongo de nuevo en movimiento, las molestias en el talón siguen ahí, lo que me obliga a reducir la velocidad de marcha. No queda más remedio que acomodar mi paso, bastante ligero hasta entonces, al ritmo del común de los mortales. A partir de ahora me voy encontrando con pequeños pueblos habitados. Atravieso Abínzano y bordeo Salinas de Ibargoiti por una pista amplia entre campos de cereales. Me interno a continuación en un sendero que atraviesa una zona densamente arbolada, primero de pinos y luego de robles. Un paseo agradable bajo las sombras y rodeado por una vegetación que se va cerrando por momentos. Acabando de salir del bosque me encuentro de frente con las primeras casas de  Monreal. Son las 2 de la tarde y llega el fin de la etapa de hoy.


Monreal es un pueblo pequeño situado al pie del monte La Higa que nos recibe con casas de piedra alegre y con balcones floridos. Su casco antiguo de estructura medieval, al que se accede por un puente gótico que cruza el Río Elorz, se articula en torno a la Iglesia de San Martín, situada en la parte más alta, y está  conformado por calles estrechas y en pendiente. Para llegar al albergue, situado en la parte inferior de la iglesia, además de subir la empinada Calle de Santa Bárbara hay que superar una escalinata que han tenido a bien llamar Calle de La Corte. Aquí mi pierna derecha se resiente del maltrato que le he venido dando durante horas. Siento el talón como si fuese de corcho, una sensación ya conocida que me hace temer lo peor. ¿Será una tendinitis? Paciencia, reposo, ibuprofeno y mañana saldré de dudas.


Aunque está abierto, tampoco aquí hay nadie que atienda el albergue a estas horas, con lo que elijo una cama a mi gusto. El edificio está muy bien acondicionado, cuenta con mobiliario renovado, paredes recien pintadas e incluso taquillas individuales. Sólo tiene un pequeño defecto: que el dormitorio está arriba y las duchas y demás servicios en la planta baja. Mi pie me lo recuerda cada vez que tengo que subir o bajar por algún motivo.

Mientras va llegando el resto de la gente, y entre ellos el grupo de "los cuatro", yo me pongo con mis tareas rutinarias de fin de etapa (ducha, lavado de ropa...). Alrededor del lavadero hay cantidad de higos caidos de lo alto de una higuera que está detrás de la iglesia. Me ponen los dientes largos pero, aunque lo intento, no logro acceder a ella porque la verja que me separa del lugar que busco está cerrada. ¡Otra vez será!



Después de descansar un rato salimos a dar una vuelta por las calles más próximas, todo cuestas,  para conocer lo poco que el pueblo da de sí. La cena hemos de hacerla todos los peregrinos juntos en el centro parroquial. No hay muchas más alternativas, pero nos sirven una comida abundante y bien preparada. En la sobremesa tenemos una conversación animada sobre la calidad de las cervezas en España: Philippe dice que le gusta la San Miguel, Jordi menciona las cualidades de la Voll-Damm y yo le digo al francés "Quand nous arriverons en Galice tu goûteras Estrella Galicia, une très bonne bière, et je suis sûr que tu pourras parler déjà de ce qui es bon". Es lo que se dice... un pequeño gesto de amor patrio.



Me siento a gusto con gente tan jovial como ésta. Me agrada hablar con Philippe porque, con su aceptable nivel de español y mi escaso francés hemos sido capaces de mantener una conversación inteligible y medianamente inteligente. Estoy satisfecho porque veo que aún me queda algo de lo mucho que he olvidado. También me doy cuenta de que, cuando estamos con otros peregrinos, me pierdo gran parte de las conversaciones del resto del grupo, que son, por supuesto, en inglés.


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martes, 9 de noviembre de 2010

Etapa 3: ARTIEDA - SANGÜESA

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Miércoles, 29-09-2010: De Artieda a Sangüesa (34 Km.)

  Cumpleaños feliz

Cielos despejados y temperaturas casi veraniegas


 Amanece en Artieda el día de San Miguel, jornada de huelga general, después de haber pasado una plácida noche en el albergue. Menos mal que la hospitalera respeta los "sevicios mínimos" y nos prepara un buen desayuno. Para celebrar mis 50 otoños me pongo en marcha cuando el sol comienza a despuntar en el horizonte, siempre a mis espaldas, lo que alarga las sombras sobre el camino. Con el terreno todavía frío, cada pisada hace que las piedras del suelo respondan con el mismo sonido que producirían mis pies al aplastar un puñado de corn flakes. No se oye nada más en este principio de jornada, una más en la que disfrutaré del recorrido en soledad.

















Me entretengo silbando o tarareando alguna canción  conocida para ir entrando progresivamente en ritmo de marcha, mientras que a ambos lados del camino se pueden contemplar las curiosas formas producidas  en el terreno por la erosión. Pronto comenzaré a bordear la cola del Embalse de Yesa, que algunos llaman "el mar del Alto Aragón", por un sendero que atraviesa un espeso bosque de robles. En esta zona se encuentran  salpicadas a cada paso multitud de piedras pintadas de azul, que con distintas formas y tamaños quieren simbolizar la oposición de los lugareños al recrecimiento del pantano que se está acometiendo y que dejará sepultadas bajo las aguas las tierras más fértiles del valle, además de ciertos tramos del Camino que tendrán que ser desviados. Metí una de ellas en la mochila con la intención de traerla hasta Compostela.













Pronto llegaré a Ruesta, un pueblo abandonado y cubierto por la maleza que todavía conserva en pie gran parte de los esbeltos torreones de un Castillo del siglo X y la robusta Iglesia de Santa María. La calle principal, jalonada por varios caserones con escudos heráldicos, está cerrada al paso por el evidente riesgo que entrañan sus casas en ruinas. La única construcción habitada resulta ser un albergue, muy bien restaurado y rehabilitado, que pasa por ser el único punto de apoyo a los peregrinos en un radio de 12 Km.












Se abandona este pueblo bajando por un camino empedrado que cruza el Río Regal para comenzar después una prolongada subida que, atravesando la Sierra de Peña Musera por un territorio cubierto de pinos, nos llevará desde el valle del Río Aragón hasta la comarca  aragonesa de Las Cinco Villas. El paisaje cambia aquí por completo, ya que dejamos atrás las laderas verdes y arboladas de su vertiente Norte, que nos ofrecen unas buenas panorámicas dominadas por el intenso azul del embalse, para internarnos en un terreno seco y áspero donde se aprecia a lo lejos la localidad de Undués de Lerda, que cuenta con albergue y alguna casa con portal, escudo y ventanas de aspecto medieval. Tras una larga bajada, antes de llegar al pueblo se atraviesa un tramo de calzada romana y un riachuelo.



En el tramo de 11 Km. que sigue se abandona el territorio aragonés para entrar en Navarra por tierras de secano en un recorrido que se hace monótono hasta llegar a la pequeña ciudad de Sangüesa. A lo largo del día he recibido varias llamadas y varios mensajes deseándome un buen camino y un feliz día de aniversario. Me han alegrado mucho pero, salvo esporádicas conversaciones con algún que otro peregrino con el que ya me había topado en ocasiones anteriores, la ruta es bastante solitaria. Al llegar a la ciudad destaca la esbelta planta de la Iglesia de Santa María la Real, contemporánea de la Catedral de Jaca y del Monasterio de San Juan de la Peña. Románica del Siglo XI, cuenta en su portada con una imagen de San Miguel pesando las almas en el día del Juicio Final y separando a los justos de los pecadores.


Como en la jornada anterior, el albergue municipal está abierto pero todavía sin nadie que lo atienda. No es muy grande y tampoco está muy bien acondicionado pero, aunque alguno se fue a buscar un alojamiento alternativo después de calificarlo como "albergue patera", se llenará pronto. Entre casi todo hombres de las más variopintas nacionalidades hay tan solo una valiente, una mujer entrada en años, que elige una cama discretamente situada tras la protección de un biombo. Los últimos en ocupar plaza son "los cuatro de Puente la Reina", que llegan sobre las cinco de la tarde.

Después de mis tareas obligatorias salgo a hacer una visita por la ciudad y a comprar algo de fruta  que llevar en la mochila para la jornada siguiente. Además de la Iglesia de Santa María me sorprenden sus calles señoriales, entre las que destaca la Calle Mayor, con imponentes  palacios, casonas, iglesias y conventos que dan fe de la dilatada historia de  una villa que cuenta con el mismo fuero que Jaca, otorgado por Sancho Ramírez en el Siglo XII. Detrás de la Plaza de las Arcadas se aprecian los torreones del que en su día fue castillo y palacio de los Príncipes de Viana, donde se celebraban las Cortes Generales del Reino de Navarra.










Buen grupo forman estos cuatro que vienen caminando juntos desde el albergue de Santa Cilia de Jaca  y a los que hoy empezaré a conocer. Los acompañaré en la cena y ellos me acompañarán en mi pequeña celebración de cumpleaños: Jordi y Jose, dos amigos de Barcelona que comenzaron en Somport con la intención de recorrer en cinco días el ramal aragonés del camino. Johan, un holandés que comenzó en el Sur de Francia, que habla inglés, y con el que me entiendo porque, como yo, habla francés "un petit peu". Y Philippe, un francés que echó a andar hace ya más de un mes desde su casa en Lyon. Habla inglés perfectamente y controla bastante bien el español.

Aunque no nos demoramos más allá de la hora autorizada, al volver al albergue ya hay gente durmiendo, pero lo más difícil es "dormir a pierna suelta" en la "posición de la rana" al mismo tiempo que se "ronca como un cosaco", y no despertarse ni con dos disparos de flash que inmortalizan el momento. Esto sólo lo puede hacer... un coreano. ¡Felices sueños!




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jueves, 4 de noviembre de 2010

Etapa 2: JACA - ARTIEDA

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Martes, 28-09-2010: De Jaca a Artieda (44 Km.)

La huida: Un "monstruo" me persigue

Cielos despejados y temperaturas casi veraniegas

Durante la noche anterior tuve la oportunidad de comprobar que "el monstruo" seguía  "vivito y coleando". A instancias de varios de sus sufridores, la hospitalera le asignó una cama en la planta superior del albergue, que abrió sólo para él, y aunque opuso resistencia, no le quedó más remedio que dormir aislado. A pesar de todo, cuando alguien abría la puerta de nuestro dormitorio durante la noche para entrar o salir a los aseos, se oían perfectamente los ronquidos que venían del piso de arriba. Es imposible que este individuo sea consciente del malestar que crea a su alrededor, de ser así, imagino que se iría a dormir a un hostal.

Para planificar la etapa me quedaban dos opciones: Hacer 26 Km. hasta el albergue de Arrés, como propone la guía que llevo, o seguir hasta el siguiente albergue en Artieda, lo que suponen 18 Km. adicionales. Ante el riesgo de volver a padecer otro "ataque de apnea", mi decisión  me lleva a alejarme todo lo posible. Hay que armarse de valor, hoy toca etapón.

Al poco de comenzar a caminar, cuando todavía estoy rodeando Jaca por el Paseo de la Cantera, me encuentro con una grata sorpresa: Paco Rubio, que viene corriendo en mi dirección sin reconocerme, se detiene cuando le llamo.  Exclamaciones, abrazos, risas nerviosas  de viejos amigos que se reencuentran... En cinco escasos e intensos minutos hacemos un repaso de nuestras actuales circunstancias. El encuentro no da para mucho más, pero me deja un grato "sabor de boca" en este principio de jornada. Nuestros hijos todavía mantienen el contacto después de los años que han pasado...













El terreno de hoy es completamente diferente a las montañas del día anterior. El camino discurre por el amplio valle del Río Aragón, la Canal de Berdún, en paralelo con la carretera que va hacia Huesca y Pamplona. Vuelven a presentarse a mi paso imágenes y lugares que me son muy familiares. La omnipresente Peña Oroel y el Fuerte del Rapitán ya han quedado atrás cuando paso junto al Campamento de Las Batiellas, Santa Cilia, el desvío a Santa Cruz de la Serós y el monasterio de San Juan de la Peña. Poco antes de llegar a Puente la Reina (de Jaca) me encuentro con un curioso detalle que multitud de peregrinos han ido construyendo con sus manos. A ambos lados del camino se acumulan, a lo largo de un buen trecho, miles de montoncitos de piedras ordenadas en forma de pirámide, a modo de los hitos que marcan el camino correcto en los senderos de montaña. En uno de ellos han pintado los colores de la bandera de Aragón. Es digno de ver.












Al pasar junto al puente que atraviesa el Río Aragón en Puente la Reina de Jaca me cruzo con un grupo de cuatro peregrinos que, aunque ahora todavía lo desconozco, en las próximas etapas van a tener gran importancia en el desarrollo de mi particular aventura.

A partir de este momento, el Camino abandona las zonas habitadas y se adentra en un territorio bastante aislado, con escasos núcleos de población y carente casi por completo de albergues, fuentes y demás servicios que facilitan la vida al peregrino. Ésta es quizá la nota más característica de este camino aragonés, en contraposición al camino francés que viene desde Roncesvalles, más mercantilizado, pero también mejor dotado desde el punto de vista logístico.

Bien es verdad que en esta época del año la naturaleza se ofrece en plenitud. Cantidad de frutos y bayas silvestres están ahora disponibles, y con un mínimo de conocimientos sobre la materia, podrán saciar el hambre de cualquier peregrino necesitado. Frutales como higueras y manzanos, pero también arbustos cargados de moras, endrinos, majuelos...  aparecen a nuestro paso.






















Es característica de esta zona que pequeñas aldeas como Arrés, Martes, Mianos... o pueblos como Berdún, se encuentren emplazados en elevaciones que dominan el territorio circundante. El Camino  discurre por el llano y se pueden dejar a un lado o a otro pasando de largo,  lo que aumenta la sensación de soledad y también la desprotección en caso de necesidad.  Pasado el verano, los cauces de agua van casi secos y las fuentes escasean.





















Pronto comienzan a verse las barranqueras de tonalidades grises formadas por la erosión, propias de esta parte del Prepirineo, donde al no crecer la vegetación hacen que el terreno adquiera cierto aspecto de desierto lunar. Es bueno llevar agua en abundancia, porque no hay muchas alternativas para rellenar una cantimplora vacía. En mi caso, confiar en la existencia de una fuente marcada en la guía junto a la aldea de Mianos, que luego nunca encontré, me hizo pasar un mal rato y mucha sed en el último tramo de la jornada, lleno de toboganes hasta llegar a Artieda. Menos mal que en la mochila me quedaba una manzana como último recurso.

Artieda, mi destino final de la jornada, también se encuentra en lo alto de una elevación desde donde se domina gran parte del valle. Al llegar al pueblo, ya en la cima, mi primera preocupación es  saciar la sed en una fuente próxima a la iglesia. El albergue está abierto pero vacío, como el pueblo. Son algo más de las cuatro de la tarde y soy el primero en llegar. Una señora que pasa por allí me dice que vaya eligiendo una cama, que el hospitalero llegará más tarde.











Situado junto a la iglesia, el albergue de Artieda es una antigua casona de piedra bien cuidada, con suelos y techos de madera, y en la planta inferior tiene una especie de bar-tienda-comedor que todavía no está abierto. Echo un vistazo a sus habitaciones y elijo una litera bien situada. A estas horas todavía no he comido, pero parece que en el pueblo no hay otra industria que el albergue y sólo sirven cenas.  No queda más remedio que esperar. Después de una reconfortante ducha me toca lavar la ropa que he usado durante la ruta, ponerla a secar lo antes posible para aprovechar los últimos rayos de sol y echar un vistazo a la etapa que haré mañana. Algo que se irá convirtiendo en un ritual que iré repitiendo mecánicamente cada día del Camino.

Al terminar mis tareas me doy una vuelta para conocer el pueblo y encuentro un par de higueras salvadoras que derrochan sus frutos sin que nadie los recoja. Es tiempo de higos y con el hambre que tengo me pongo "morado". Debe ser "el manto del apóstol" que cuida de mí y me protege. También me entero de que no encontré la fuente que buscaba a la altura de Mianos porque justo en ese tramo han desviado el camino recientemente. Aquí "el manto" todavía no me cubría.














A lo largo de la tarde van llegando como por goteo otros peregrinos que van eligiendo y ocupando su lugar en el albergue, entre otros, el grupo de cuatro que me crucé en Puente la Reina. No fui yo el único que llegó huyendo desde Jaca hasta aquí. Lo confiesan también otros dos que dormirán en mi cuarto. Cuando el albergue se pone en marcha, se organiza una "Cena internacional" con sus once ocupantes. A la misma mesa nos sentamos un holandés, un francés, un matrimonio noruego, dos alemanes y, de entre los españoles, dos catalanes, un navarro, dos madrileños y un gallego. Aparentemente ningún "monstruo".

Son ya más de las 21.30, y a estas horas parece que el riesgo de que alguien no deseado llegue al albergue está descartado. Esta noche dormiré tranquilo. Pondré el despertador para mañana a las 7.


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