- Distancia Recorrida: 54 Km.
- Hora de Salida: 10.00 h.
- Hora de Llegada: 18.25 h.
- Puertos con dificultad: Monte do Gozo (350 m.)
- Lugares de paso: 1. Melide - 2. Arzúa - 3. Salceda - 4. O Pedrouzo - 5. Lavacolla - 6. Santiago de Compostela
Domingo, 5 de Abril de 2.009 - Sol radiante y cielo despejado. Buena temperatura
- Desarrollo de la jornada: Esta vez nos levantamos sin prisa y desayunamos en la cafetería del mismo hotel. Para esta última etapa habíamos programado deliberadamente recorrer una distancia más corta en la que poder disfrutar de cada momento y llegar a la meta con tiempo suficiente. Y con ese objetivo nos pusimos en marcha, dejando atrás
Melide por un lateral de la
iglesia de Santa María.
Al igual que en la jornada anterior, el itinerario discurre por constantes toboganes, cruzando
regatos y
pozas entre robles, castaños y abedules. Tras pasar por
Raído,
Boente y
Castañeda llegaremos a
Ribadiso de Abaixo cruzando el río sobre el arco de un
puente medieval. Aquí pararemos a sellar en el albergue de peregrinos, antes
Hospital de San Antón, situado en varios edificios rehabilitados a la orilla del
río Iso a los que dedicaremos unos minutos de visita.

El Camino está bien cuidado después de atravesar
Arzúa, lo que para los ciclistas es de agradecer, y adopta la apariencia de una pista forestal por donde se puede circular con facilidad. Aparecen ahora con mayor frecuencia los bosques repoblados de eucalipto, las panorámicas se van ensanchando progresivamente y las pendientes se suavizan.

Pregontoño,
Peroxa,
Tavernavella,
Boavista... Son sonoros nombres de pequeñas aldeas que vamos dejando atrás con facilidad. En poco más de dos horas ya nos habíamos "merendado" media etapa, por lo que en
Salceda decidimos parar un buen rato en un mesón provisto de una espléndida terraza exterior... A la vista de un hórreo destartalado cayeron unas buenas cañitas con tapa de tortilla y empanada, unos gratificantes rayitos de sol y abundantes risas.
En este rato de descanso coincidimos con un grupo de escolares y sus profesores haciendo el Camino en fin de semana. Algunos iban bastante mal equipados para andar o notaban la falta de costumbre, porque no paraban de lamentarse del dolor que les provocaban sus pies.

Nos vienen a la memoria los recuerdos de las intensas jornadas que ahora están próximas a su fin: Los ronquidos de St. Jean Pied-de-Port, la
"pájara" de Roncesvalles, el
"aquelarre" de Cirauqui,
el-partido-que-no-pudo-ser en Los Arcos, la soledad de Azofra, el paso por la Sierra de Atapuerca, el lechazo de Burgos, la subida del
"cuerpo a tierra" en Castrojeriz, el
barrio húmedo de León, las risas de Foncebadón, la intensa jornada de paso por O Cebreiro, la
mágica lluvia de Samos... y ya estamos aquí, llamando a las puertas de Compostela con un sentimiento dividido, con un intenso deseo de
"abrazar al Santo" que se alterna con otro no menor de retrasar la llegada para seguir prolongando la aventura... pero esto no ha terminado todavía, hay que seguir...
Al rato de reiniciar nuestra marcha encontramos a un costado de la pista un pequeño monumento dedicado a un peregrino fallecido en el lugar en 1993, un tal Guillermo Watt. Se trata de la reproducción en bronce de las zapatillas que llevaba puestas. Debía de ser un personaje muy importante para merecer tales honores... o algo así.
Por esta zona siempre está presente la carretera N-547, de la que nos separamos a ratos y que cruzamos en innumerables ocasiones para llevarla alternativamente a nuestra izquierda o derecha. Seguimos entre eucaliptos por las aldeas de
Ras,
Brea,
Santa Irene,
A Rúa... parando para comer en la
Parrillada Regueiro, en
O Pedrouzo, cabecera del concello de
O Pino. Caerá un
potente churrasquito...

Al poco de reanudar la marcha, en el tramo que nos queda hasta el final entraremos en una zona progresivamente urbanizada que nos va anunciando la proximidad de la capital de
Galicia. Toparemos con un polígono industrial, bordearemos el aeropuerto, atravesaremos un par de autovías, varias carreteras y rotondas... El Camino va perdiendo su encanto en la misma medida en que aumentan las ganas de llegar.
Al sobrepasar
Lavacolla paramos a un costado de las instalaciones de la
Televisión de Galicia para dar una sorpresa a un buen amigo que está trabajando en ese momento. Una oportuna llamada de móvil y...
¡Sorpresa!...
Javi "el pequeñito" deja lo que tiene entre manos para salir emocionado a saludarnos. ¡Lástima de valla metálica! La foto queda para el recuerdo.

Después de
San Marcos sólo nos queda pasar por el
Monte do Gozo, desde cuyo alto ya se aprecian las torres de la
Catedral. Situado en su parte más alta, el
Monumento al Peregrino es horroroso, pero aún lo es más el macroalbergue en el que multitud de peregrinos pasan la última noche de su ruta. Sus innumerables barracones alineados le dan el aspecto de un campo de refugiados... o algo peor. ¡Y ni siquiera tiene un cartel anunciando la recepción!
Después de la última bajada nos espera la monumental
ciudad del apóstol, pero su entrada no se lo pone fácil a los peregrinos, vayan a pie o en bicicleta... Bajar por unas escaleras, atravesar la autopista, cruzar el
barrio de San Lázaro por delante del
Palacio de Congresos, seguir por la rúa das
Fontiñas y, ya en el casco antiguo, las concurridas rúas de
Os Concheiros,
San Pedro,
Casas Reais,
Praza de Cervantes,
Acibechería... Una vez en la
Praza da Inmaculada, flanqueada por la
Catedral y el
Monasterio de San Martiño Pinario, sólo nos queda descender con la bici a cuestas las escaleras que hay bajo el
Arco del
Pazo de Xelmírez para entrar por el lateral de la
Praza do Obradoiro.
Víctor, César, Jaime, Pablo, Miguel... ya estamos todos... ¡Adelante!

Al doblar la esquina... ¡Desde el interior de la plaza se oyen aplausos y gritos de ánimo! Nos sentimos el centro de todas las miradas, protagonistas al regreso de una singular aventura... Allí, al pie de la
Catedral, están
Mercedes,
Ana,
Rosa,
Mónica y
Bibiana con sus voces de ánimo... pero también
Belén,
Alejandro,
Patricia,
Clara,
Ángela,
Antía y
Paula que, con el resto de familiares, esperaban emocionadas nuestra llegada. Es un momento para disfrutar...
¡Lo hemos conseguido, estamos en Compostela!

Tras los abrazos y los besos de rigor nos queda tiempo para cumplir un par de trámites. En primer lugar nos dirigimos al nº 1 de la
Rúa do Vilar, a la
Casa do Deán donde está la
Oficina del Peregrino. Allí nos estampan el último sello que completará nuestra credencial y, después de comprobar que cumplimos todos los requisitos del buen peregrino, nos hacen entrega de la ansiada
Compostela, el diploma que acredita que hemos completado el Camino.

Después visitaremos con calma la
Catedral, que esta vez se me antoja más bonita que en ocasiones anteriores. No pueden faltar el abrazo al apóstol, la visita al sepulcro, el Pórtico de la Gloria,
a pedra dos croques... y para rematar la faena... unas cervecitas con que celebrar la ocasión, ahora ya en familia.

Cansados pero inmensamente satisfechos. Agradecidos por haber compartido esta experiencia con el resto de
Juramentados. Ese es el estado en que nos encontramos después de haber recorrido 862 kilómetros para conseguir nuestro objetivo...
...Orgullosos como los caballeros medievales cuando regresaban de las cruzadas...
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