jueves, 11 de junio de 2009

TRAVESÍA MONTES AQUILIANOS

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- Distancia Total: 66 Km.
- Hora de Salida: 06.00 h.
- Hora de Llegada: 17.56 h.
- Tiempo total invertido: 11 h. 56 min.
- Puntos de Control/Avituallamiento: 1. Ponferrada (542 m.) - 2. Villanueva de Valdueza (655 m.) - 3. Montes de Valdueza (970 m.) - 4. Peñalba de Santiago (1108 m.) - 5. Cabeza de la Yegua (2128 m.) - 6. Pico Tuerto (2017 m.) - 7. La Guiana (1815 m.) - 8. Ferradillo (1265 m.) - 9. Rimor (578 m.)

- Desarrollo de la prueba: La noche anterior apenas llegamos a dormir dos horas. La tensión propia de lo que nos esperaba al levantarnos, unido a una mala elección del lugar en que fuimos a cenar y a algún que otro SMS que corría enviado por los inquietos ocupantes de la habitación vecina, hicieron que cuando sonó la alarma a las 05.00 h. ya estuviésemos despiertos desde hacía rato.

Con el equipo ya preparado de antemano, salimos del hotel hacia la Plaza del Ayuntamiento de Ponferrada, donde se iniciaba la prueba. No encontramos ningún sitio abierto en el que tomar un café (¡Que poca visión de negocio la de estos bercianos!) y tuvimos que conformarnos con unos zumos y algo de bollería comprada la noche anterior, que entraron de mala gana y a trompicones.

El ambiente de la salida es excepcional, como el de las carreras populares pero de noche. Más de 500 personas esperan eufóricas el momento de ponerse a prueba, animadas también por las consignas de la megafonía. Suena el "chupinazo" y la masa comienza a moverse por las calles en la dirección marcada por los indicadores. Ya fuera de la ciudad el grupo empieza a perder coherencia, aunque la abundante compañía no nos abandona en ningún momento.













Al poco rato comienza a despuntar el día y los ánimos a entrar en calor. El cielo está cubierto de nubes altas y la temperatura es fresca, condiciones ideales para lo que nos proponemos hacer. Los cuatro Juramentados participantes nos fuimos dividiendo en dos parejas según la jerarquía de fuerzas conocida de antemano. Pablo y César fueron abriendo distancia progresivamente, mientras que Víctor y Yo, no dispuestos a llevar un ritmo forzado que mermase prematuramente nuestras energías, las fuimos dosificando para llegar lo más enteros posible a los tramos finales. La elección fue perfecta para todos.

Los primeros 20 Kilómetros discurren ganando progresivamente altura por un terreno de relieve variado, aunque sin pendientes excesivas, pero por una zona de gran belleza natural. Por las primeras faldas montañosas atravesamos espesos bosques de castaños y robles, muchos de ellos de gran tamaño. Siempre por caminos y senderos bien señalizados vamos dejando atrás hermosas aldeas con casas de piedra y techos de pizarra. Cruzamos riachuelos y bordeamos paredes rocosas siempre acompañados con el rumor del agua y el sonido de los pájaros (Aunque ya es tarde, ahora lamento no heber sacado la cámara de fotos en este primer tercio del recorrido).













En Montes de Valdueza llegamos al segundo punto de avituallamiento. Aquí podemos acceder a las mochilas que entregamos en la salida, en las que hemos podido dejar el equipo necesario para corregir posibles "errores de cálculo". Poco después se produce la separación entre los participantes de las versiones corta y larga de la prueba. A los primeros les evitan pasar por las cumbres más altas, y la dificultad del recorrido es menor.

La organización de la prueba es difícilmente mejorable. Los puntos de control/avituallamiento están distribuidos de manera que aproximadamente cada hora de recorrido tengas la posibilidad de reponer fuerzas. Bebida y comida variada y en abundancia que puedes coger a voluntad: aquarius, gua, fruta variada, bollería, bocadillos, barritas y geles energéticos... El trato hacia los participantes es excelente, y se aprecia por parte de todos los componentes de la organización que su prioridad está en hacernos la travesía lo más llevadera posible.

A partir de este punto empezarán las subidas y bajadas más pronunciadas. Los árboles van desapareciendo progresivamente para dar paso a los matorrales que nos acompañarán en las alturas. Los bastones comienzan a prestarnos una gran ayuda para descargar peso y liberar de un buen porcentaje del esfuerzo a nuestras articulaciones.













Tras superar una primera zona de dificultad y su posterior descenso, llegamos a un pueblo de montaña extraordinariamente conservado y digno de visitar con más detenimiento, Peñalba de Santiago. Es obligatorio salir de aquí comidos, bebidos y con la suficiente reserva de líquido, porque comenzará a continuación la parte más dura, el ascenso al pico de Cabeza de la Yegua, el punto más alto del recorrido. Desde aquí ya se ven cubiertas de nubes las cumbres por donde tendremos que pasar.













Este ascenso nos obliga a salvar de golpe un desnivel de 1.120 m, pero con un primer tramo que asciende "a pico" por una fortísima pendiente que no hay más remedio que tomarse con mucha paciencia. Apoyar con fuerza los bastones, clavar bien las punteras, detenernos de vez en cuando a sacar una foto para recuperar el resuello, beber... Parecía imposible, pero conseguimos llegar a la cresta que marca la divisoria de aguas con pulso en las venas. A partir de aquí la subida se suaviza considerablemente pero "casi sin darnos cuenta" ya habíamos ganado 525 metros de altitud. ¡Ánimo! Sólo nos queda otro tanto y un poco más para llegar arriba. En la parte más alta se aprecian unos neveros que resisten desde el invierno. La compañía empieza a ser cada vez más escasa.













Las nubes se van y vienen por momentos. El viento arrecia en la parte más alta y nos obliga a abrigarnos con el "tormentas" que llevamos como única prenda de abrigo. Al llegar al punto de control en Cabeza de la Yegua el paisaje desaparece y arrecia la ventisca. La nieve no llegará a cuajar, pero el termómetro marca -2ºC de temperatura. Con el viento, la sensación de frío es mucho mayor, y tenemos que hacer lo posible por abandonar la zona cuanto antes. Hay que perder altura y salir de la zona de nubes como sea. Cuidado con la fuerte bajada que viene...













Afortunadamente las nubes se van retirando poco a poco y en ciertos momentos nos permiten disfrutar de la panorámica. Recorremos ahora las principales alturas del cordal de los Montes Aquilianos. Un continuo subir y bajar a los diferentes picos que en alguna zona se puede volver peligroso si se nos echa la niebla encima. Afortunadamente la ruta está muy bien jalonada, y las continuas estacas rojas nos permiten seguir el itinerario sin pérdidas, ya que el sendero es por aquí prácticamente inapreciable.

Nos avisan de que la organización ha tenido que suprimir el punto de control de Pico Tuerto. El frío y las escasas posiblidades de protección les han obligado a abandonar. El siguiente punto donde encontraremos ayuda está a poco más de hora y media. Andando en las subidas y trotando en las bajadas, durante un buen trecho nos encontramos solos, sin nadie a la vista por detrás ni por delante. Únicamente nos acompaña de Mª del Carmen, una valiente que se apunta a todas las "batallas".

Llegando al control de La Guiana empieza a llover, a ratos copiosamente. Aquí ya estamos empezando a perder altura, pero la lluvia y las nubes nos acompañarán todavía durante un buen rato. Nos protegemos bajo las ruinas de lo que parece haber sido una ermita, al calor de una pequeña hoguera que ha encendido el personal de la organización. Gracias a este apoyo pueden sacar adelante el punto de avituallamiento y dar un poco de ánimo al personal.













A través de un empinado y accidentado cortafuegos comienza una larguísima bajada que parece no tener fin. Las rodillas se resienten de las horas esfuerzo, pero con la firme ayuda de los bastones seguimos quemando etapas, con la moral muy alta y el convencimiento de que todavía nos queda mucho por recorrer. Nos viene bien no haber forzado la marcha en los tramos iniciales, y ahora es el momento de acelerar el paso cuando el terreno se vuelve faborable.

Víctor y yo especulamos sobre la distancia que nos sacará la otra pareja que marcha por delante al llegar a la meta. Él apuesta por una ventaja de al menos dos horas y yo le replico que me parecería mucho si llegasen a sacarnos una hora. Por su parte, más adelante también hacen cábalas optimistas sobre el asunto. No esperan la "energía desbordante" que seremos capaces de desplegar "los puretas" en el tramo final.













En el control de Ferradillo recibimos una información que confirmará las hipótesis más favorables para nosotros y nos elevará la moral para el tramo final de una jornada que comienza a hacerse interminable: Nos llevan poco más de media hora de ventaja. ¡A por ellos!

Nos esperan todavía senderos de peligrosa bajada, con pasos forzados, zonas de piedra mojada y tramos embarrados que nos obligarán a poner los cinco sentidos en cada apoyo. Algún tobogán traicionero pondrá las posaderas de más de uno en contacto con el suelo. Nada grave...

En Rimor nos detenemos en el último punto de control, donde nos espera un buen puñado de cerezas como grata sorpresa de la organización. A partir de aquí comienza el llano, y nos restan algo más de 8 kilómetros de recorrido. Si queremos llegar a la meta dentro de las 12 horas que nos habíamos trazado como objetivo antes de comenzar "hay que dar zapatilla". Aunque con algún momento de bajón, hacemos casi todo el tramo trotando entre campos y huertas sembradas de cerezos. Nuestras piernas ya no encuentran descanso por ir más despacio y cuanto más corto sea el sufrimiento que nos queda...

Próximos ya a Ponferrada, entraremos bordeando el Río Sil por un largo sendero que nos acerca a su casco antiguo. Cruzaremos el río por unas pasarelas y, al llegar a la altura de la fortaleza templaria, a poco más de 150 metros de la meta, el escepticismo se convertirá en un repentino subidón de moral al ser conscientes de que podemos entrar "en tiempo". Cruzaremos la meta entre aplausos en un divertido sprint final...

11 h. 56 min. ¡Lo hemos conseguido!

Tras la emoción del momento de la llegada nos espera una gratificante sesión de masaje y la entrega del diploma que da fe de nuestra pequeña hazaña. César y Pablo, a pesar de que se emplearon a fondo en los últimos kilómetros, sólo nos sacaron 36 minutos de ventaja. Si la carrera llega a tener 20 kilómetros más ¡Seguro que los alcanzamos! ¡...Pero menos mal que se acabó aquí... !













Poco pudimos disfrutar del ambiente nocturno de Ponferrada, porque a las 22.30 h. ya estábamos "planchando la oreja", pero no faltaron unas frías cervezas con las que celebrar que los Juramentados habíamos superado nuestro último reto... hasta que llegue el próximo, que será pronto.













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martes, 9 de junio de 2009

9ª ETAPA: Triacastela - Melide

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- Distancia Recorrida: 92 Km.
- Hora de Salida: 08.20 h.
- Hora de Llegada: 20.05 h.
- Puertos con dificultad: Ninguno a destacar. Terreno con constantes subidas y bajadas.
- Lugares de paso: 1. Triacastela - 2. Samos - 3. Sarria - 4. Portomarín - 5. Palas de Rei - 6. Melide

Sábado, 4 de Abril de 2.009 - Temperatura suave. Cielo cubierto y llovizna persistente

- Desarrollo de la jornada: A la hospitalera del albergue se le pegaron las sábanas y tuvimos que esperar un ratito para poder acceder a las bicicletas. Desayunamos sin prisas en un bar y salimos de Triacastela con el cielo amenazando lluvia, que no se haría esperar. Las nubes nos regalarían un persistente orballo durante buena parte de la mañana de ésta primera etapa completa en Galicia.

En el primer tramo que nos llevará a Sarria elegimos la variante que pasa por el Monasterio de Samos recorriendo el Valle del Río Oribio, en el que tras circular los kilómetros iniciales por carretera, en San Cristovo do Real nos internamos en un paisaje de cuento, un gratificante estímulo para los sentidos.

Siempre bordeando el río, circulamos por alfombrados caminos y angostas corredoiras entre castaños, chopos y carballos. Hiedras, madreselvas y enredaderas lo inundan todo de verde. Antiguas aldeas todavía habitadas, con sus casas de piedra de viejos balcones y tejados de pizarra, salpican un paisaje en el que abundan prados, fuentes y arroyos. En el borde de la fraga asoma algún molino movido por la fueza del río. La suave lluvia colabora a crear el ambiente adecuado para este entorno natural que nos sobrecoge por su belleza.

























Me sorprendió gratamente esta imagen de Galicia, que hasta ahora era para mí la costa, con sus faros y acantilados salvajes, con las rías de playas suaves y puertos marineros, con los bosques llegando al borde del mar, con el encanto de las islas atlánticas... Esta alternativa para disfrutar de la naturaleza no tiene nada que envidiar a las zonas costeras.

En este lugar mágico donde florecen los muros de piedra, donde parece que el tiempo no transcurre a la misma velocidad que en las zonas urbanizadas, las vacas comparten con sus dueños el dominio del territorio... y hay que cederles el paso con la debida cortesía...


(el vídeo es de Pablo)

Subiendo y bajando atravesamos los lugares de Lusío, Renche, Lastres, Freituxe y San Martiño do Real antes de llegar a Samos, donde se alza imponente el Monasterio de San Julián, cátedra del Padre Feijóo y regido desde hace siglos por monjes de la orden de los benedictinos. El sello que nos aplican en la credencial de peregrino es uno de los más vistosos de cuantos hemos ido recopilando en nuestro recorrido.















Nos recibe amablemente Agustín, el fraile que atiende al público y que es fiel seguidor de la máxima "Ora et Labora" que instituyó el fundador de la orden monástica. Empleamos en la visita el tiempo que no habíamos tenido para dedicar a las catedrales de Burgos o de León, pero salvo por las enormes dimensiones del edificio y de sus claustros, el recorrido nos llegó a decepcionar. Debido a una moderna renovación, acometida tras el incendio que lo destruyó casi por completo en 1951, está casi desprovisto de elementos decorativos históricos, y las pinturas murales con que adornaron sus paredes son de un gusto muy discutible.

(El vídeo es de Pablo)

Tanto es así, que el hablador fraile nos prestó más atención cuando estabamos en su tienda comprando algunos recuerdos que en la propia visita guiada, la cual despachó con cuatro parrafadas más o menos ingeniosas y luego nos remitió a completar en solitario gran parte de su recorrido.

Seguimos después nuestra ruta de flechas amarillas con la misma tónica, atravesando pequeños núcleos habitados diseminados por todo el recorrido cuya enumeración completa sería una tarea casi imposible: Foxos, Teiguín, Santalla de Pascais, Reiriz, Carballal... En cada recodo del Camino nos vamos encontrando con pequeñas sorpresas: ermitas solitarias, árboles centenarios, muíños, pombales, rebaños de ovejas, fuentes, pequeñas capillas que jalonan la ruta...













Vamos tan extasiados que cruzamos sin detenernos la importante localidad de Sarria, como si fuese un estorbo innecesario en el paisaje. Avanzamos entre las típicas casas con galerías de la Rúa Maior para pasar luego junto al Convento de la Madalena casi sin reparar en su presencia. Entraremos después en una zona salpicada de huertas, con panorámicas más abiertas y sin grandes repechos, donde carballeiras y soutos se alternan con zonas de prados y cultivos.

A estas alturas son ya numerosos los peregrinos que vamos encontrando en nuestro camino, bien sea en solitario o en grupo. Cada vez estamos más cerca del Pórtico de la Gloria y mucha gente ha comenzado su andadura en O Cebreiro. Otros aprovechan el fin de semana para hacer el recorrido en tramos sueltos. A todos saludamos a nuestro paso con unas palabras de ánimo:

¡Buen camino, peregrino!

Poco después de Barbadelo nos detenemos en un establecimiento de turismo rural situado en un entorno apacible y muy bien integrado en el paisaje, la Casa Nova de Rente, y aunque es pronto para comer, nos dejamos convencer con facilidad. Se trata de una explotación familiar donde nos atiende sucesivamente los distintos miembros de la familia. La madre nos recibe y nos ofrece asiento, la hija toma nota, el hijo nos trae las cervezas y el padre nos acompaña mientras nos "ventilamos" unos memorables bocadillos de filete de ternera con queso. Todo con productos de la casa rematados con un café de pota y unos "vapores" de licor café.

Aquí coincidimos con una joven y circunstancial pareja de peregrinos a pie, hombre y mujer, que se sentaron a nuestro lado y nos dieron animada conversación. También nos enseñaron alguna de las numerosas virtudes del té verde...













Poco después de reiniciar nuestra ruta, en medio de la subida por una carballeira nos volvemos a detener por un problema mecánico. Se trata de la segunda rotura en el soporte de un transportín, sin el cual no podemos seguir adelante. Pero con la experiencia acumulada de la vez anterior y gracias a las salvadoras bridas metálicas que en su día compramos en Carrión de los Condes, esta vez salimos del aprieto como auténticos profesionales. ¡Mejor que nuevo!














Mercado da Serra, Peruscallo, Cortiñas... son lugares que vamos encontrando a nuestro paso. En Lavandeira, poco antes de llegar al Marco que indica los 100 Km. que restan para llegar a Compostela, tenemos que echar pie a tierra. La ruta avanza en medio de un torrente por un firme irregular de piedras sueltas. El eje central del camino está surcado de pasales, piedras horizontales colocadas de forma que los viandantes puedan sortear el agua, pero esta combinación es muy difícil de superar para las bicicletas, y el riesgo de sufrir algún percance es elevado. En el vídeo queda constancia de esta dificultad.

(El vídeo es de Pablo)

Morgade, Ferreiros, Cotarelo, A Parrocha, Vilachá... El día se va echando encima y una potente idea comienza a formarse en nuestras cabezas: queremos llegar a comer el pulpo en Casa Ezequiel, la pulpeira emblemática de Melide ¡Hay que seguir dando pedales!

Tras un largo descenso que comienza en As Rozas, al pie de A Pena do Corvo, atravesamos el Río Miño por un gran viaducto y bordeamos sin parar la localidad de Portomarín, el pueblo reconstruido en lo alto de un monte para evitar el Embalse de Belesar, cuya iglesia de San Nicolás fue llevada piedra a piedra al punto más alto, desde donde ahora domina el horizonte como templo-fortaleza que fue en su día. Se inicia a partir de aquí una larga subida de varios kilómetros hasta Hospital da Cruz, donde dejaremos atrás el pronunciado Valle del Miño. En este tramo abundan los bosques repoblados con pinos, las retamas y los toxos, ahora en flor.













Vendas de Narón, Ligonde, Airexe, Lestedo, O Rosario... Avanzamos por la comarca ganadera de A Ulloa, ya en la cuenca del Río Ulla, que está surcada de pequeños monumentos y cruceiros que acompañan al peregrino en su sacrificada ruta. Animados por el afán de conseguir nuestra poderosa recompensa final, pasaremos por Palas de Rei como "alma que lleva el diablo", pues desde la distancia ya sentimos en nuestros corazones el fuerte olor que desprende el preciado manjar que borbotea en la olla de cobre...

La etapa se nos está haciendo larga y la tarde se nos echa encima. El último tramo "cortamos por lo sano" y lo hacemos por carretera. En Melide no encontramos alojamiento en el albergue municipal, pero lo conseguimos en la Pousada Chiquitín, un hotelito moderno y confortable situado en la C/ San Antonio 18. Después de ocuparnos de descargar y preparar los equipos, una buena ducha y... la cena en el Ezequiel nos espera.


Para mañana nos quedan 54 Kilómetros que recorreremos pausadamente, disfrutando de cada momento, recordando las jornadas ya pasadas. Sólo resta un último esfuerzo para llegar a Compostela.


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lunes, 1 de junio de 2009

8ª ETAPA: Molinaseca - Triacastela

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- Distancia recorrida: 83 Km.
- Hora de Salida: 08.15 h.
- Hora de Llegada: 20.15 h.
- Puertos con dificultad: Alto do Cebreiro (1298 m.) - Alto do Poio (1335 m.)
- Lugares de paso: 1. Molinaseca - 2. Ponferrada - 3. Cacabelos - 4. Villafranca del Bierzo - 5. Vega de Valcarce - 6. A Faba - 7. O Cebreiro - 8. Alto do Poio - 9. Triacastela

Viernes, 3 de Abril de 2.009 - Sol y cielos despejados. Buenas temperaturas.

- Desarrollo de la jornada: Después de acomodar los equipajes sobre las bicis, y con algo de frío mañanero, recorrimos los 7 kilómetros que nos separaban de Ponferrada, donde nos detuvimos a desayunar en la Cafetería Rabel. Ya con el cuerpo cargado de una buena dosis de nuestro contundente menú mañanero, circulamos bordeando el casco antiguo, al pie del Castillo de los Templarios, y una vez en el amplio entramado urbano de su parte más moderna, seguimos moviendo los pedales por el asfalto adelante.













Casi sin solución de continuidad sobrepasamos las poblaciones de Compostilla, Columbrianos, Fuentes Nuevas y Camponaraya como si fuesen apéndices de Ponferrada, hasta que por fin nos adentramos en una pista entre huertos, arboledas y viñedos que dan vida a un paisaje gratificante que nos llevará hasta nuestra próxima parada en Cacabelos. La visita a la Moncloa de San Lázaro (Prada "A Tope") es obligada.













Unos cientos de metros más adelante entramos a sellar en el Santuario de la Quinta Angustia, donde lucían ya engalanados lo pasos para las procesiones de la Semana Santa. Nos atendió una señora muy voluntariosa que nos invitó a visitar el templo y a encontrar un pequeño retablo donde supuestamente San Antonio y el Niño Jesús juegan a una partida de naipes (¿?).

Siguiendo por el arcén durante un tramo de carretera, después de Pieros nos adentraremos en el Valle del Burbia, con un paisaje lleno de cerezos en flor, que en esta época del año constituye la esperada imagen del Bierzo. Las montañas del fondo nos anuncian la próxima llegada a Villafranca, en su día cabecera de una efímera 5ª provincia gallega, en cuya entrada paramos a sellar en el albergue Ave Fénix, situado junto a la Iglesia de Santiago. Justo enfrente se puede ver la iglesia gótica del Convento de San Francisco (en la foto inferior).

Al igual que nosotros, a estas alturas las bicicletas llevan muchas horas de esfuerzo acumulado y comienzan a resentirse. Aprovechamos la parada para revisar un cambio que viene "medio tocado" en Urbano (C/ del Puente Nuevo), una tienda de motos que también se anuncia como taller de bicicletas. No fue una buena decisión, porque después de algo más de una hora perdida entre las dudas del "experto", que desanimaron a más de uno de echar un vistazo a su máquina, al poco de reanudar la marcha todo seguía más o menos igual... ¡Estábamos como para volver atrás a reclamar!
















A partir de aquí el Camino discurre por el angosto Valle del río Valcarce, encajonado entre montañas y en paralelo a la antigua N-VI durante un buen tramo. El andadero asfaltado, que va ganando altura progresivamente, está separado de la calzada por unos muretes de hormigón que protegen a los peregrinos del trafico, muy intenso en estas fechas por estar cortada la autovía a causa de unos derrumbes en el tramo de la Sierra de la Escrita. En las alturas se ven imponentes los modernos viaductos.

Tras pasar por los pequeños y envejecidos núcleos de Pereje y Trabadelo, nos detenemos en el área de servicio de Vega de Valcarce para sacar una foto de grupo en el mismo sitio que el día del traslado a Francia con la furgoneta alquilada. Por aquí ya hacía bastante calor, y en Ambasmestas abandonamos la antigua N-VI para seguir por otra vía más tranquila, la vieja carretera de Castilla, rodeada de prados y arboledas, y siempre acompañados por el cauce del río con sus refrescantes imágenes.

En Ruitelán, nuestro "sherpa incansable" decide repetir la exitosa experiencia del día anterior y, en una nueva demostración de fuerza, abandona el grupo con un potente demarraje que le llevará por carretera a coronar el Alto do Cebreiro en solitario, previo paso por la localidad de Pedrafita. Allí esperará a la llegada de sus compañeros, que adoptan otra estrategia diferente.

Un poco más atrás, el grueso del pelotón decide tomárselo con calma y disfrutar de la larga y accidentada subida. En Las Herrerías, tras perder bajando buena parte de lo ascendido hasta ahora, abandonamos la carretera de Castilla y retomamos el camino primitivo, que coincidiendo con la antigua calzada romana, asciende entre castaños hasta el pequeño núcleo de A Faba -para algunos "a mala faba"- por una pista con algunos tramos asfaltados. Comienza lo más duro de la etapa, y de todo el Camino...





















Después de unas cuantas revueltas y con el puerto ya visible en la lejanía, en A Faba paramos a preguntar en el albergue del alemán Marcel, el-que-no-le-gusta-que-le-pregunten-la-misma-cosa-dos-veces. Desde aquí hay dos posibles alternativas, la primera por una pista asfaltada y la otra, más corta en distancia pero mucho más dura, por el camino de los peregrinos a pie.

Aconsejados por una pareja de ancianos lugareños decidimos seguir la ruta más sacrificada. A partir de aquí los árboles desaparecen casi por completo, dejando su lugar a matorrales y otra vegetación baja de monte.













El esfuerzo es grande, pero de los que se recordarán durante mucho tiempo por las experiencias vividas. Pasamos por muchas zonas irregulares y pedregosas, algunos tramos en que hay que echar pie a tierra y carretar bici empujando cuesta arriba, una víbora que cruza el camino, un peregrino de época, paisajes con panorámicas increíbles, perros conductores expertos en rebaños de vacas, palabras constantes de ánimo...














Así, en un día maravilloso a pleno sol y con una buena temperatura, poniendo todas nuestras fuerzas en juego y con el corazón bombeando a pleno rendimiento, llegamos a la aldea de La Laguna de Castilla a 1145 m. de altitud, donde nuestro itinerario confluye con la pista asfaltada recomendada para los ciclistas. Se ven las primeras pallozas y unos perros nos reciben con modales poco amistosos, pero no estamos en condiciones de prestarles mucha atención. Las antenas del repetidor de televisión están a la vista. ¡Ánimo! Ya queda poco...
















Como se muestra en el vídeo que sigue, el último tramo desde La Laguna hasta el Alto do Cebreiro continúa por una pista asfaltada. Nuestras piernas ya van mereciendo un descanso, pero seguimos con buen ánimo haciendo circular la rueda... que gira... y gira... ¡Ultreia et suseia!


A estas alturas se puede contemplar una magnífica panorámica del Valle de Seara con sus pequeñas aldeas, identificando gran parte del itinerario de subida que ya hemos dejado atrás. Estamos entrando en Galicia...

Volveremos a reagruparnos una vez alcanzada la aldea de O Cebreiro, que nos recibe con un esbelto crucero de piedra situado en un mirador, desde donde se pueden contemplar ambas vertientes del puerto. Aquí se encuentra uno de los conjuntos de pallozas mejor conservado de la montaña gallega. Ha llegado el momento de disfrutar del resultado de nuestro esfuerzo. ¡Prueba superada!

Son más de las tres de la tarde y el hambre aprieta. En el comedor de Casa Carolo disfrutaremos de un buen momento con sus vistas panorámicas; por mi parte me apetecía una buena taza de caldo gallego que ofertaban en el menú del peregrino... que llegó humeante y sabroso. Al salir visitamos el robusto Santuario de Santa María la Real, donde se guarda el llamado Santo Grial Gallego. La fotografía del grupo está sacada por un voluntario en una increíble posición de "cuerpo a tierra".
















Retomamos la ruta pletóricos de moral, pero pronto volveríamos a la cruda realidad. Ya era sabido que ¡Tras una buena comida... viene una fuerte subida! El esfuerzo no se acaba en O Cebreiro y, aunque no nos cogió por sorpresa porque ya estábamos avisados, poco después de una corta bajada nos esperan otras dos dificultades. La primera es el Alto de San Roque, situado a 1271 m. de altitud, que con su monumento al peregrino es una pequeña tachuela comparado con el que viene a continuación, el Alto do Poio, cuyos 1.335 m. se alcanzan después de superar unas duras rampas.

















Circularemos después a lo largo de la Sierra de O Rañadoiro, con buenas vistas a ambos lados hacia las Sierras de Os Ancares y O Courel. A partir de Fonfría comienza una larga y pronunciada bajada en la que pasamos por pequeñas aldeas típicas de montaña, zonas de prados y bosques, algún regato, enormes castaños centenarios, alguna capilla de piedra y... vacas... muchas vacas... que dejarán un rastro indeleble en nuestros sentidos (vista, oído... y olfato). El terreno es bastante irregular y con bastante piedra suelta. A veces hay que emplearse a fondo para conducir las bicis por el lugar adecuado... derecha... izquierda... déjala ir...













Y así, después de disfrutar de este hermoso tramo que nos lleva a pasar por O Biduedo, Filloval, Pasantes y Ramil, llegaremos al final de esta etapa en Triacastela, epicentro de frecuentes temblores de tierra (que, junto con ver pasar a los peregrinos, debe de ser una de las pocas posibilidades de los lugareños para vivir emociones fuertes).

Tras un primer intento fallido en el moderno albergue municipal, conseguimos instalarnos en uno privado, el Refugio del Oribio, donde esta vez nos tocó compartir habitación con dos tímidas peregrinas. Las instalaciones son buenas, con calefacción y abundante agua caliente. También aquí utilizaríamos el servicio de lavadora-secadora.

El pueblo es muy pequeño y no ofrece muchas opciones en cuestión de comidas. Encontramos un mesón donde pedir unos platos combinados y nos retiramos pronto a descansar. La aventura volverá en la etapa de mañana. ¡Entraremos en el país de las hadas...!


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